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¿Somos lo que parecemos?
Llegó la hora de que los mexicanos creamos en nosotros mismos y en nuestro país, pues la percepción crea nuestra propia realidad.
México es una realidad fascinante. Desde adentro parece una cosa, desde afuera otra muy distinta. Cada vez que escucho a un extranjero, particularmente a un latinoamericano, hablar sobre México, quedo gratamente sorprendido, pues me doy cuenta de que la percepción que tenemos de nuestro país es muy distinta a la que tienen en el exterior. Lo interesante es que esta diferencia no sólo refleja una apreciación de lo que se ve o de lo que es, sino una actitud que, evidentemente, describe cómo somos.
Conversando con mi amigo chileno Ángel Soto, director del Instituto Democracia y Mercado, afirmaba muy convencido que, desde el sur del continente, México siempre es visto como un gran país, de enormes cualidades e infinitas posibilidades. No es la primera vez que escucho a ciudadanos de otros países expresarse de México con la más alta consideración, lo mismo dicen colombianos que ecuatorianos, venezolanos y salvadoreños.
Cuando escucho a muchos compatriotas hablar sobre México me resulta imposible creer que el país al que se refieren sea el mismo al que el resto de América Latina observa y describe como el ejemplo a seguir. El hermano mayor al que se le respeta y admira profundamente. ¿Por qué los mexicanos se ven a sí mismos tan distintos?, preguntaba Ángel. La respuesta es simple: tenemos un problema de autoestima.
Inmersos en un mar de retos que crecen conforme pasan las horas, vivimos tan preocupados con nuestros problemas que se nos olvida la grandeza de la tierra que pisamos. Más preocupante aún resulta no entender nuestra libertad y con ella la capacidad que tenemos de crear y transformar el entorno. Por eso nos resulta tan cómodo pensar que no hay alternativa, por eso somos tan distintos a lo que parecemos.
No concebimos una transformación real porque no creemos en nosotros mismos. Esto es resultado de la falta de amor propio y amor a México, por eso es un problema de autoestima.
Dicen que lo que parece no siempre es lo que es, y lo que es no siempre es lo que parece; México vive ese dilema internamente. Llegó la hora de creer en nosotros mismos y en nuestro país, pues la percepción crea nuestra propia realidad. Si queremos un México distinto, empecemos por cambiar la percepción que tenemos de nosotros mismos y convirtámonos en verdaderos ciudadanos, libres y responsables. Nos sorprenderemos al ver lo que podemos lograr.
armando.regil@eleconomista.mx