Es verdad que muchos de los graves problemas que azotan a la humanidad pueden desembocar en escenarios catastróficos si carecen de una orientación ética. En estas cuestiones radica la relevancia ética de la empresa y de ellas depende la prosperidad material global, o en su defecto, avalanchas de indigentes y millones de muertes evitables alrededor del mundo. No en balde se ha popularizado, en la jerga del management, la noción de responsabilidad social empresarial, bajo cuya órbita se circunscribe la ética de la empresa.

Desde que surgió la noción de ética empresarial, una parte importante de la discusión se ha centrado en las prácticas desleales o inmorales de algunas empresas. Una visión de gran alcance sobre el papel de la empresa permitiría valorarla como agente de soluciones indispensables para vivir dignamente y sobrevivir, considerando los niveles demográficos y los impactos ambientales de la producción y el consumo.

Por responsabilidad social se entiende la suma de deberes de las empresas en sus ámbitos internos y externos, incluyendo deberes sociales ampliados que asumieron progresivamente los gobiernos desde principios del siglo XX. En paralelo, la ética de la empresa o business ethics suele referirse a la moralidad de los actos personales, o temas de conciencia individual. Ambos discursos son dos caras de una moneda: una colectiva, la otra individual. En el conjunto, sin embargo, es importante destacar la primacía de la ética, pues uno de sus objetos de estudio es la responsabilidad. No decimos, por el contrario, que la ética sea uno de los campos de estudio de una ciencia llamada responsabilidad. 

Si consideramos el trinomio persona-empresa-sociedad, el objeto de atención de la ética de la empresa ha sido la persona y su conciencia, en tanto que el acento de la responsabilidad social ha sido la empresa y sus consecuencias. En este orden de ideas hacen falta tres cosas:

  1. Profundizar en el hombre, elemento esencial de la empresa, no sólo en el aspecto medular de su conciencia moral, sino también en los constituyentes antropológicos de sus decisiones y actos morales, desde una perspectiva integral que incluya sus dinámicas psíquicas básicas.
  2. Profundizar asimismo en la empresa: qué es, quiénes la constituyen, qué fines buscan y cómo los alcanzan, considerando sus complejidades internas y a la vez los elementos del entorno en el que surge, opera y se desarrolla.
  3. Dar cuenta suficiente del impacto amplio de la empresa en su entorno y del de este en la empresa, en un sistema dinámico complejo e interdependiente.

Además, el conocimiento de la empresa nutre las teorías de gestión, o del management, de manera que una visión más objetiva de esta realidad ayuda a dirigirla mejor, ordenando sus operaciones para aumentar sus impactos positivos y mitigar los negativos.

*El autor es Profesor del área académica de Factor Humano en IPADE Business School.