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Opinión

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Soberanía que no sirve de nada

A poco más de dos años de que Calderón declaró la guerra contra el narcotráfico , vemos los costos que tiene en varios sectores de la vida productiva del país.

Esta semana se publicó en El Economista una radiografía sobre el estado de la industria turística en la zona fronteriza. Los datos que arrojó retratan una historia que se repite a lo largo y ancho del territorio nacional, aunque quizá con mayor intensidad en ciertas zonas en donde el Estado mexicano ha ido perdiendo de una manera acelerada dos de sus pilares fundamentales: el uso legítimo y exclusivo de la fuerza y la capacidad para hacer valer la ley.

A poco más de dos años de que el presidente Felipe Calderón declaró la guerra contra el narcotráfico , podemos comenzar a ver con claridad los costos que la política calderonista ha tenido en varios sectores de la vida productiva del país. El turismo forma parte de uno de ellos.

De acuerdo con un reporte del Banco de México, en enero del 2010 se registró una caída de 2.2% del ingreso por divisas derivadas del turismo, en comparación con los datos registrados en enero del 2009.

El panorama para la industria turística se complica todavía más cuando acercamos la lupa para ver lo que está sucediendo en la frontera de México con Estados Unidos. Ahí, la baja de turistas fronterizos que pernoctaron en el país fue de 11.9 por ciento. El consumo en restaurantes ha disminuido en 40% y la ocupación hotelera lo ha hecho en 30%, aproximadamente.

¿Quiénes están dejando de ir a la frontera? Principalmente los estadounidenses, pero es también un hecho que los propios mexicanos han limitado sustancialmente sus movimientos dentro de la zona fronteriza. Los narco-bloqueos que atónitos observamos la semana pasada amenazan con limitar aún más la libertad de movimiento de los residentes de la frontera.

A pesar de que según información, publicada por este diario, el turismo de negocios no se ha visto afectado fundamentalmente por la ola de violencia, el de esparcimiento ha bajado en 50 por ciento.

Las disrupciones que colateralmente está provocando el combate al narco se están haciendo cada vez más evidentes en distintas áreas de la vida económica de nuestro país. Frente a esta realidad, debemos preguntarnos ¿cuánto tiempo más aguantarán nuestros empresarios? ¿Cuántas más amenazas y extorsiones antes de cerrar sus negocios? ¿Cuál será el siguiente sector que levante la voz de alarma?¿Qué pueden o deben hacer las autoridades para evitar una catástrofe económica?

La respuesta a esta última pregunta es, por supuesto, complicada. Hay, sin embargo, un paso fundamental que los mexicanos no nos atrevemos a dar, por estar cargando con una serie de prejuicios anacrónicos, poco realistas y nada efectivos: a ceder cierta parte de nuestra soberanía para diseñar una estrategia antidrogas compartida con Estados Unidos. Es tiempo de que miremos la realidad tal cual es y reconozcamos que la ayuda estadounidense es necesaria para recuperar lo que ya tenemos perdido. Es tiempo de que dejemos de penar en términos de ya vinieron los gringos a decirnos cómo hacer las cosas y comencemos a pensar que, quizá, la información y apoyo logístico del exterior no es una cuestión que se deba analizar con la lente de las nacionalidades ni de los agravios históricos, sino más bien bajo parámetros de efectividad, teniendo como prioridad la seguridad de todos y cada uno de los ciudadanos mexicanos. Entonces sí podríamos hablar de nuestra soberanía …la otra, ésa de la que hablan nuestros políticos es una soberanía vacía, una soberanía que no sirve de nada (si no me creen pregúntenle si no a los hoteleros de la frontera).

afvega@eleconomista.com.mx

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