De acuerdo con la Sagarpa, en nuestro país existen cerca de 20,000 hectáreas bajo agricultura protegida, de las cuales 12,000 corresponden a invernaderos y el resto a otro tipo de estructuras cubiertas como casas sombra y macrotúneles.

Considerando la escala de negocio de la producción de tomate rojo bajo invernadero en México, esto representa una oportunidad para generar una oferta en volumen suficiente que demandan las comercializadoras y mercados cada vez más exigentes. Aproximadamente, 86% de las unidades de producción son inferiores a 0.5 hectáreas; 11.5%, de 0.51 a 5 hectáreas, y 2.5% tiene más de 5 hectáreas (Sagarpa, 2013).

La pulverización de las unidades de producción de tomate rojo bajo invernadero fue identificada como uno de los factores limitantes del desarrollo de la industria, ocasionando fracasos en unidades de producción nuevas. Es por ello que actualmente existen subvenciones y apoyos diferenciados acordes al nivel de experiencia del productor y del tamaño de la unidad productiva.

Acogerse a la agricultura protegida permite a los agricultores administrar el riesgo, mitigar los efectos del cambio climático y mejorar la calidad del tomate rojo en beneficio de mantener una demanda creciente por parte de Estados Unidos y Canadá, pero donde es necesario cuidar que no se incremente la producción por encima de la demanda normal del mercado de exportación, pues sería complejo vender el excedente en el mercado interno, toda vez que en nuestro país se consume menos de 50% de lo que se produce.

El principal productor de tomate rojo en México es Sinaloa. En el ciclo otoño-invierno registró 15,379 hectáreas en promedio del 2009 al 2014, a pesar de la disminución de la superficie.

En el periodo de 1999 al 2013, la superficie incorporada a la agricultura protegida en el país tuvo una tasa de crecimiento media anual (TCMA) de 24.15%, pasando de 721 a 12,000 hectáreas, de las que 96% de la producción de tomate rojo se exporta a Estados Unidos, cerca de 1.5 millones de toneladas de fruta, generando más de 1,800 millones de dólares, con los cual se posiciona como el producto hortícola número uno de exportación en México.

Los beneficios de la agricultura protegida están a la vista y son una oportunidad real de negocio para los productores y empresas del campo mexicano que aún no se deciden por la misma.

*Esteban Michel Ramírez es jefe de departamento del CDT Villadiego de FIRA. La opinión es responsabilidad del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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