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Siete minucias
¿Quién nos salvará de tanta barbaridad y tanta impunidad? Ni San Juan Diego. Mucho menos la Santísima Trinidad. Voces que claman en el desierto.
1ª El esqueleto del Palacio Legislativo de don Porfirio, transformado en Monumento a la Revolución, ya tiene elevador. ¡Albricias! Desde el piso hasta el centro de la cúpula. Se puede admirar por los cuatro costados. Transparente para que los usuarios vean el paisaje.
¿Quién autorizó el adefesio que echa a perder esta edificación cuya imagen nos es tan familiar? Hacen lo que se les da la gana y nadie dice pío.
2ª. Gracias, don Marcelo, por impedir que los revoltosos se plantaran en el Zócalo el 20 de Noviembre. Gracias por su franqueza y entendemos sus razones: no impide las múltiples marchas y mítines que diario nos aquejan porque débense, en todos los casos, a problemas que no resuelve la federación. Además, son sus correligionarios. Además, respeta el derecho de protestar. A costa del libre tránsito que consagra la Constitución, también violado con angustiosa frecuencia por el propio Jefe con sus estrafalarios festejos y atracciones.
Autocráticamente se retiran los cartelones estemos unidos mexicanos : el carácter de anónimo es un delito.
3ª. Los megasueldos de funcionarios de organismos públicos, que ellos mismos se autorizan. Y todavía falta para igualarnos con los de los Ministros de la Tremenda Corte, dice don Valdés, del IFE. Tres millones netos al año, más de mi ahorro de medio siglo. ¿Quién compite para contratarlos y justificar lo injustificable? Sólo el gobierno, pues su única especialidad es la grilla.
4ª. ¿Cómo es posible que un sindicato maneje la política educativa del país?
5ª. ¿Cómo es posible que se haga obra pública millonaria que no sirve? Es más, dejan las cosas peor de como estaban. Sufran las congestiones de tránsito que provoca el elevado de Río Mixcoac.
6ª. Ésta es la segunda camada de rectores de la UNAM metidos a políticos. Que se dediquen a lo suyo y mejoren un poquito el pésimo sitio mundial que ocupa la autollamada, alábate burro, máxima , casa de estudios del país.
7ª. Triste labor informativa la de un diario capitalino: 70% de anuncios de mercancías y de muertos en su principal sección. Interesantes los segundos: revelan la relación entre corruptores y corrompidos. Mejor destinar este caudal para la ayuda a necesitados.
¿Quién nos salvará de tanta barbaridad y tanta impunidad?
Ni San Juan Diego. Mucho menos la Santísima Trinidad. Voces que claman en el desierto.