El cinismo de la mayoría de los políticos no tiene límite. A menos de un año de las elecciones, cada día veremos más de todo, más demagogia, más mentiras, más confrontación y más escándalos. Hemos visto que, con tal de mantenerse en el poder, son capaces de construir cualquier alianza o provocar cualquier fractura.

Quizás el colmo más grande es escuchar a quienes dicen sentirse indignados por la corrupción, pero sus carreras y el historial de sus propios partidos son una muestra de que no sólo no están dispuestos a combatirla, peor aún, no pueden vivir sin ella.

Hace unos días, el presidente del PRI declaró que hay que salvar a México y estoy de acuerdo. Él aseguraba que es necesario evitar que el país caiga en el populismo autoritario en el 2018, refiriéndose, por supuesto, a López Obrador. Coincido.

Sin embargo, es preciso hacer algunas aclaraciones importantes. Primero, al populismo le pone el apellido autoritario porque sólo la palabra populismo ya hace referencia a su partido. ¿Acaso no son populistas todas sus medidas clientelares de repartición de todo tipo de dádivas y regalos a cambio del voto? Sin mencionar tantos fraudes.

¿No es acaso cierto que lo único que han logrado con políticas sociales clientelares es la dependencia de millones de mexicanos que aún subsisten en la pobreza? Porque si dejaran de ser pobres y tuvieran acceso a educación de calidad es altamente probable que no votarían por ellos.

Por supuesto, hay de populismos a populismos. Lo que tenemos que hacer es salir de ahí para poder elegir correctamente en el 2018.

Coincido con el presidente del PRI en que hay que salvar a México, pero de todos los políticos que han demostrado una y otra vez que lo único que les importa es seguir brincando de un cargo a otro, de quienes viven de nuestros impuestos; sí, de esos que cuando su partido político ya no les da lo que quieren, se cambian a otro o, como ahora está de moda, se vuelven independientes .

Sí, de todos esos políticos hay que salvar a México porque el país ya no aguanta un sistema en agonía por tantos abusos, robos, mentiras y corrupción. Nos toca abrir bien los ojos, mirar hacia atrás sólo para recordar quién es quién y después construir nuevas alternativas que nos permitan caminar hacia el futuro libres de todos ellos. Aún estamos a tiempo.