En la parte sur del Centro Histórico hay un lugar fantástico. Cosméticos, pásele, uñas, señorita, su gelish, aquí le sale barato su diseño de cejas, pásele, pásele, güera, aquí le tenemos su tinte y hasta se lo ponemos.

Es el salón de belleza más grande del mundo. Toda una calle dedicada a la cosmética femenina (o masculina, que aquí no se le hace el feo a ningún cliente).

Los comerciantes del Corredor Alhóndiga tienen diversos niveles de profesionalización. Hay los que solo ofrecen polvos y menjurjes que conocen apenas y hay los que saben aplicar y dar servicio completo al cliente. La mayor parte de los productos son chinos y por eso muy baratos.

Aunque todavía hay puestos callejeros sobre el Corredor Alhóndiga (y muchos), gran parte de los comerciantes se han reunido en un centro comercial, la Plaza de la Belleza.

Es el Corredor Alhóndiga, ubicado donde antes estaba la antigua Alhóndiga de la Ciudad de México, fundada allá por el año del Señor de 1573. La foto que hoy nos entrega el Archivo Gustavo Casasola nos muestra cómo se veía la Alhóndiga en el siglo XIX.

Hoy el Corredor Alhóndiga es un hervidero, una de las calles peatonales más transitadas del Centro. Pero, por cierto, ¿qué es una alhóndiga? En tiempos remotos, una alhóndiga era un lugar en el que se comerciaba con grano. Un mercado, pues. Hoy en el Corredor Alhóndiga se comercia con granos: los que te quitan en un santiamén en alguno de los puestos que también ofrecen el servicio de spa.

concepcion.moreno@eleconomista.mx

Concepción Moreno

Columnista y Reportera

Garage Picasso

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