Ahora que el gobierno abrió la discusión sobre los salarios, el IMEF cree necesario profundizar en el análisis para aclarar criterios y conceptos que ayuden a tomar mejores decisiones. La nueva administración aumentó el salario mínimo en un porcentaje mucho mayor a lo que crecía en el pasado y limitó el salario de los altos funcionarios, estableciendo un monto máximo para el presidente y reglamentando que ningún funcionario perciba un salario superior a éste.

Si bien la primera decisión se deriva de diversos análisis que demostraban la impertinencia del monto del salario mínimo en relación con cualquier variable que se quiera tomar como referencia, no queda claro hasta dónde debería llegar dicho monto. Y respecto a limitar los salarios máximos de los funcionarios, los argumentos del Ejecutivo apuntan a la necesidad de ahorro y a demostrar a la sociedad que se trata de un gobierno austero, sin tomar en cuenta factores como las capacidades requeridas en los funcionarios y lo que el mercado nacional está dispuesto a pagar por personas con capacidades equivalentes.

A pesar de que aún existe un importante rezago en materia de salarios mínimos, hay aspectos a corregir en las prácticas salariales de nuestro país. Ante ello, el IMEF considera que la única forma en la que los salarios, a cualquier nivel, crecerán sin provocar afectaciones mayores a la economía es a través de mejorar el nivel de productividad de las empresas, incluyendo a las instituciones públicas, de forma que se mantengan las posibilidades de empleo y de eficiencia que nos permitan competir en el mercado global.

Los datos del Foro Económico Mundial sobre competitividad confirman dicha necesidad. México ocupa el lugar 61 de 144 países de los 10 pilares que considera dicho estudio. El pilar peor evaluado en nuestro país es la eficiencia del mercado laboral, en el cual ocupamos el lugar 121. A su vez, dentro de este rubro, el que más incide es el que califica el uso eficiente del talento, ocupando el lugar 116.

Ambos aspectos, eficiencia del mercado laboral y uso eficiente del talento, no son consecuencia de las capacidades de nuestros técnicos y operarios, sino de la forma en que éstos son administrados, es decir, de nuestra capacidad de gestión. Poco se habla de la efectividad de los niveles de la organización que, en función de la oportunidad y calidad con que toman sus decisiones, afectan el desempeño organizacional.

Si bien existen innumerables herramientas para evaluar las capacidades de las posiciones de liderazgo. y a su vez una muy amplia oferta para su desarrollo, los resultados muestran una importante área de oportunidad para las empresas mexicanas, la cual es fácil de observar al comparar las prácticas gerenciales locales y las que prevalecen en países que nos superan en competitividad.

Aspectos como planeación del trabajo u orientación a resultados, cuyas consecuencias se observan en las horas hombre gastadas, urgencias, cancelaciones, duplicidades y otros más son un buen reflejo del camino por andar. Conceptos como la generación de valor y la responsabilidad por resultados requieren ser asimilados plenamente en nuestro camino hacia ser un país competitivo.

Que un empleo sea productivo depende de varios factores. Sin embargo, quizá el más importante tiene que ver con la capacidad de quien lo ocupa para obtener el máximo de resultados con los recursos a su disposición. Visto de esta forma, la productividad no es el resultado solamente de tener el dinero para adquirir tecnología de punta, también es contar con la capacidad y actitud del empleado para obtener el mayor provecho de los recursos asignados.

En el IMEF pensamos en que existen diversas acciones para cambiar una cultura de trabajo como la nuestra. No obstante, sólo a través de acciones maduras y consistentes será posible provocar los cambios que nos lleven algún día a trabajar menos, lograr más y percibir mejores salarios.

*El autor es presidente del comité técnico nacional de Capital Humano del IMEF.

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