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Reunirse a festejar después del confinamiento
Probablemente las fiestas de fin de año del 2021 sean memorables en el recuento de la pandemia de toda una generación.
Después una larga temporada de confinamientos, picos de contagio, vacunación e incertidumbre sobre el curso de la pandemia y la reactivación social, estas fiestas de fin de año toman un tinte diferente en relación a los festejos.
La pandemia ha sido para muchos de nosotros una gran lección sobre la condición humana. En concreto, las dimensiones de la sociabilidad y del mantenimiento del vínculo social fueron más evidentes para muchos de nosotros. La necesidad de compartir, de reunión y de esparcimiento alrededor de la comida, pasó de ser considerada por muchos como algo banal, a algo fundamental en cuestiones de salud mental y de bienestar en general.
El año pasado había consenso común en función de las restricciones: en muchos países del mundo se recomendó no reunirse ni en familia, no viajar e incluso cancelar las celebraciones. Este año, a pesar de la amenaza de la variante ómicron, las fiestas tomaron un tinte diferente, en parte por la vacunación, y también por un hecho fundamental: no hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista. En muchas instancias, después de la vacunación intentamos reincorporarnos a nuestras actividades con los cuidados pertinentes, pero en la población en general existe un hartazgo hacia las restricciones del confinamiento.
Los preparativos para estas fiestas en materia de alimentación sufrieron también los estragos de la pandemia: con las crisis mundiales de logística y producción, muchos de los ingredientes de las cenas navideñas sufrieron los efectos de la inflación y otros tantos los de las escasez. Como parte de las campañas de marketing algunos productos en Estados Unidos ofrecieron incluso recompensas económicas a los consumidores para que, por ejemplo, optaran por preparar otro postre diferente al cheesecake, cuyo queso crema es escaso. Esto es un signo de cómo incluso las estrategias de venta de alimentos han tenido que modificarse a raíz de la pandemia.
La amenaza de ómicron ya ha cambiado los planes de diferentes instancias gubernamentales: en Inglaterra han cancelado los festejos públicos y en Estados Unidos las autoridades han lanzados serios mensajes de advertencia sobre el peligro de ómicron para las personas que aún no han ido a vacunarse.
Aunque los festejos y eventos masivos se reactivaron a mediados del año, la celebración de las Navidades es mucho más simbólica y trascendental para una gran parte de la población de Occidente. La Navidad es una de las pocas fiestas de origen cristiano - religioso que con el paso del tiempo se volvió una tradición de tipo civil, más allá del credo que se profese.
La condición y necesidad humana de celebrar a través de la comida, además de las funciones anteriores, resulta también simbólica porque marca el fin de un ciclo y el inicio de otro. Aunque en estos casos, solamente se marca el fin de un período en el calendario gregoriano y no necesariamente el fin de una pandemia, las personas tenemos la necesidad de marcar inicios y fines, aunque en este caso sean esencialmente simbólicos, probablemente porque en la incertidumbre las personas necesitan volver a los básicos esenciales de la humanidad para seguir adelante en tiempos difíciles. Para todos los seguidores de esta columna, les deseo que estas fiestas recuperen las fuerzas y esperanzas necesarias para ser resilientes en el período que entra.
rrg

