El 16 de abril del 2012, el entonces candidato Andrés Manuel López Obrador presentó sus propuestas en materia educativa. Se trataba de una época en la que sus intereses eran muy distintos a los de seguir disfrutando de las mieles del poder. Entre dichas propuestas rescato las siguientes: “El cacicazgo sindical ha corrompido el sistema escalafonario nacional, que constituye el instrumento que se utiliza para otorgar los ascensos de los docentes y establecer así la cadena de mando de las escuelas [...] habrá que reformar la normatividad respectiva y reducir el poder enorme que tiene el sindicato en la materia.”

Igualmente, propuso: “Se capacitará y actualizará al magisterio. La experiencia nos indica que el rendimiento escolar está asociado a la capacidad profesional de los docentes [...] Llegaremos a un acuerdo con los maestros para evaluar el desempeño de los docentes de manera profesional, sin represalias o influyentismo, como sucede en la actualidad. La evaluación es necesaria en todas las políticas públicas y la de evaluar en materia educativa es fundamental, pero hay que entender que la evaluación no es un fin en sí mismo, es un medio, un mecanismo cuyo resultado debe ser mejorar la calidad del proceso educativo. Por eso estoy de acuerdo con la propuesta de Juan Ramón de la Fuente -llamado a ser el próximo secretario de Educación Pública - de crear un Consejo de Evaluación de la Educación. Un Consejo, por ley, autónomo, conformado por ciudadanas y ciudadanos que sean expertos en la materia y cuyas deliberaciones sirvan para retroalimentar al sistema educativo, no para favorecer sólo algunos o para excluir a los adversarios”.

Casi me quedo sin palabras. Y es que, no sé a ustedes queridos lectores, pero a mí me cuesta creer que aquel hombre sensato sea el mismo que está hoy detrás de las aberrantes leyes secundarias de la Reforma Educativa. Estas leyes, negociadas, redactadas y pactadas en Palacio Nacional –pisoteando las facultades y el trabajo de meses del Legislativo-, le restituirán el control sobre los maestros y, por ende, la influencia política a los sindicatos magisteriales. Por ejemplo, en el pasado oscuro de la educación en México –al que aparentemente estaremos retornando- existían las comisiones mixtas, donde participaban miembros del sindicato y representantes de la SEP para la toma de decisiones. Con estas leyes secundarias, el SNTE regresa con un lugar privilegiado a las ahora denominadas “mesas tripartitas”, donde podrá “palomear” el ingreso, promoción y reconocimiento de los maestros. Así, la movilidad dentro de la carrera magisterial dependerá menos del mérito de los docentes y más de su habilidad para hacer plantones, rendir pleitesía a los líderes sindicales y salir a marchar a favor o en contra de ciertos candidatos. ¿No que tanto repudio al pasado?

La segunda propuesta del candidato López Obrador, quien reconocía la importancia de la evaluación y de la creación de un consejo autónomo para realizarla, contrasta aún más con la decisión del ahora Presidente. La evaluación docente y la del sistema educativo se banalizan en los textos aprobados el viernes pasado por los diputados de Morena -para beneplácito de las corrientes radicales del magisterio y para desgracia de las niñas, niños y jóvenes de México. Ahora se mandata a la SEP “apreciar los conocimientos” y no a valorarlos cuantitativa y sistemáticamente. La Comisión Nacional de la Mejora Continua de la Educación -el pseudo sustituto del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) – deja de ser autónomo y será “juez y parte”, dado que la SEP se autoevaluará. En otras palabras, el consejo sólo ocupa el espacio del INEE absorbiendo su presupuesto, pues no retoma sus importantes funciones.

Si los Senadores no logran impedir este absurdo nos tendremos que acostumbrar a los viejos vicios: plazas automáticas a normalistas, poder absoluto del sindicato sobre los docentes, aulas abandonadas por maestros sindicalistas, pésima calidad de la enseñanza, etc. Entonces, yo me pregunto: ¿qué le pasó al candidato del 2012? ¿Será cierto que el poder corrompe? Pero bueno, “haiga sido como haiga sido”, el hoy Presidente y los diputados de la mayoría son capaces de perpetuar la desigualdad coartándoles las oportunidades a los estudiantes a cambio de votos. Qué barato están vendiendo el futuro de nuestros hijos.