Mariano Rajoy acudió el miércoles a una de las salas del Tribunal Supremo español bajo el papel de testigo en el juicio en contra de 12 independentistas catalanes, 10 de ellos, políticos y miembros del gobierno de Carles Puigdemont.

A la defensiva, el expresidente tuvo que tragar varias veces saliva para confesar que el lendakari  Iñigo Urkullu (presidente del gobierno vasco) sí fue mediador entre los entonces presidentes Puigdemont y el propio Rajoy durante los momentos previos a la declaración de independencia del Parlamento catalán.

La mediación no fue un ejercicio menor. Urkullu trató de convencer a Puigdemont de que convocara a elecciones generales que, de haberlo hecho, hubiera desactivado la aplicación del artículo 155 de la Constitución con el que Rajoy y el Senado tomaron el control de la autonomía.

Rajoy tuvo que tragar demasiada saliva porque no quería reconocerlo. “Me reuní con muchas personas”. El juez instructor Manuel Marchena, intervino y le pidió que respondiera a la pregunta que le formuló una de las defensas de los independentistas. Por fin. Lo hizo. Aceptó que Urkullu y él hablaron sobre el tema de la mediación.

Repito e insisto, Urkullu estaba muy cerca de convencer a Puigdemont de que convocara a elecciones. La mañana del 27 de octubre del 2017 el presidente vasco declaraba a la Cadena Ser: “Ayer estuvimos muy cerca de la solución. Creo que todavía hay tiempo”. No lo hubo, un tuit de Gabriel Rufián (diputado de Esquerra Republicana de Catalunya) sintetizó la dura presión que recibió Puigdemont durante ese día: “155 monedas de plata”. La traducción bíblica era clara: traición de Carles Puigdemont en caso de que se saliera de la estela que había dejado el 1 de octubre el referéndum independentista.

El comportamiento de Rajoy durante su declaración fue éticamente reprobable porque trató hasta donde pudo, de no aceptar que sí existió mediación; lo hizo en clave electoral del próximo 28 de abril: hasta hace pocas semanas, el presidente Pedro Sánchez negociaba con los partidos catalanes una mediación.

Sánchez tuvo que convocar a elecciones después de que los partidos independentistas le retiraran su apoyo en la aprobación de los presupuestos. Horas antes, filtraron el tema de la negociación entre ellos y el presidente sobre el tema del relator. Pablo Casado y Albert Rivera, presidentes del Partido Popular (PP) y Ciudadanos (Cs), respectivamente, olieron a sangre. Por ello, el domingo 10 de febrero organizaron una manifestación con la que reprobaron la alianza de Sánchez con los catalanes. Lo peor, invitaron a la ultraderecha de Vox. A manera de bumerán, una foto atestigua la presencia de los tres dirigentes en la primera línea de protesta: Casado, Rivera y Santiago Abascal, de Vox.

¿Quién organizó las palizas del 1-O?

Rajoy se escurrió cuando lo interrogaron sobre el nombre de la autoridad que ordenó el salvaje ataque a los ciudadanos que acudieron a las urnas el 1 de octubre (1-O). Ni él ni Soraya Sáenz de Santamaría (vicepresidenta) lo hicieron. ¿Quién lo hizo? ¿Su ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido?

No es creíble que Rajoy olvidara nombres, datos, comunicaciones y decisiones de la etapa políticamente más crítica durante sus casi ocho años de gobierno.

Rajoy cometió el error de reconocer que había escuchado las declaraciones de Soraya Sáenz de Santamaría, quien acudió a la misma sala unas horas antes en calidad de testigo. Está prohibido hacerlo. Es cierto, las audiencias del proceso están abiertas al público y a los medios de comunicación. Sin embargo, las declaraciones de ambos fueron idénticas dejando entrever que sus respectivas declaraciones las prepararon de manera conjunta.

El juez Marchena, junto a los miembros del colegio, tiene sobre la mesa elementos críticos sobre lo ocurrido el último semestre del 2017. Los cargos de rebelión y sedición son gravísimos frente a un entorno en el que no hubo violencia. Lo que sí se puede comprobar es la prevaricación de los políticos que, conociendo la inconstitucionalidad del referéndum, crearon dos leyes proindependentistas los días 5 y 6 de septiembre de ese año.

En estas páginas he escrito en varias ocasiones que Rajoy subrogó su tarea política en Cataluña a los jueces. Legalmente no se le puede acusar. Sin embargo, es totalmente irresponsable de su parte. Dejar hacer, dejar pasar.

Siempre de perfil ante Cataluña.

El 28 de abril habrá elecciones generales en España. El PP, Ciudadanos y Vox prometen aplicar de nueva cuenta el artículo 155 pero de manera indefinida. Arrebatar la autonomía catalana, creen, es el camino de la solución del conflicto.

Aunque el PSOE de Pedro Sánchez va arriba en las encuestas, la suma de diputados del PP, Ciudadanos y Vox podría llevarlos a la Moncloa. De ocurrir, ahora sí, los independentistas volverán a los rieles de la insubordinación. No sabemos en lo que podría terminar. Rajoy, perverso.

@faustopretelin

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.