Mariano Rajoy ya no puede ser presidente de España porque se ha desconectado de Cataluña; no lo ha hecho ni bajo el amparo del artículo 155, que le otorga la Constitución, desde el 21 de junio pasado.

Rajoy ha decidido “delegar” en el juez Pablo Llarena la situación política de Cataluña. Grave, muy grave que gobiernen las togas en ausencia del presidente Rajoy. Si un expresidente español vivo es brillante, Felipe González lo es. “Espero que al juez Llarena no se le ocurra meter a Turull en la cárcel. Ojalá no se le ocurra meter en la cárcel a ninguno de ellos. Ya sé que nado a contracorriente, pero ojalá no lo haga, porque al independentismo no hay que destruirlo, hay que ganarlo”. Lo dijo el jueves por la noche en Madrid durante la presentación del libro ganar el futuro de Joaquín Almunia. Unas horas después, Llarena liberó una euroorden para capturar a Puigdemont y metió a la cárcel a Jordi Turull.

Tres errores le han dado otra vuelta de tuerca al conflicto catalán: la decisión desproporcionada del juez Pablo Llarena de acusar de rebelión a 11 políticos y a dos miembros de la sociedad civil, anteponer la agenda judicial a la política, y la ausencia de Rajoy con todo y la intervención de la Generalitat a través del artículo 155.

La decisión desproporcionada de Llarena la plasma él mismo en el auto de procesamiento, la resolución en la que imputa formalmente a 13 líderes del proceso independentista. En una de las 70 páginas del expediente, Llarena compara los actos de Puigdemont con los ocurridos en el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. La realidad del conflicto catalán nunca se ha acercado a las intenciones del coronel Antonio Tejero que, con pistola en mano, ingresó a las Cortes de Madrid disparando para impedir el debate de investidura de Leopoldo Calvo Sotelo. ¿Qué ha visto en Cataluña Pablo Llarena para equiparar a 13 líderes políticos con los actos de Tejero?

Anteponer la agenda judicial a la política se vincula directamente con la ausencia de Rajoy en Cataluña. El 31 de enero del 2006 es una fecha que no se podrá olvidar en la historia de Rajoy. En Cádiz, siendo presidente del Partido Popular, inició la recolecta de firmas en contra del estatuto catalán. Su desprecio hacia Cataluña tomaría vuelo y nunca más encontraría punto de retorno.

“Nos amparamos en las togas a ver si alguien nos resuelve los problemas y, cuando perdemos (alusión a las elecciones catalanas de diciembre del 2017), vamos a que los resuelvan los jueces. Si me dicen que yo resuelva un problema que es suyo, después no me digan que no me meta en política, porque es usted el que está renunciando a hacer política. Cuando los jueces empiezan a tomar decisiones políticas, eso se llama gobierno de los jueces”, destacó González el jueves pasado.

Se equivoca el periódico El País al cabecear en la edición de ayer: “El independentismo, noqueado, encara un futuro sin proyecto ni líderes”. Por el contrario, gracias a la conjunción del gobierno político del juez Llarena con la huida de Rajoy del conflicto político, al proceso independentista le han dado otra vuelta de tuerca.

El jueves pasado, la Candidatura de Unidad Popular, una de las tres agrupaciones independentistas en el Parlament, había dado por concluido el procés.

Hoy reviró. Quiere a Puigdemont presidente.

Fausto Pretelin

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.