Soy un invitado extranjero a la entronización de AMLO. Represento a la República Comunitaria de Zorombombo, cuyo idioma oficial es el castellano. Ergo, entiendo perfectamente lo que dice el entronizado, quien afirma que, gracias al sesgo neoliberal (whatever that means) de los gobiernos de México a partir de Salinas (¿y la docena trágica?), este país, el nuestro, el que se divide en ricos y pobres, está sumido en la corrupción, en el atraso, en la pobreza, en el estancamiento; ocupa uno de los últimos lugares mundiales en X, en Z es de los meros coleros en el planeta. Estado tan miserable no debería tener un Palacio Legislativo fastuoso, ¡cosas del subdesarrollo extremo!

Para los que sabemos ver claroscuros, para los que tenemos muchas décadas de vivir en carne propia nuestro devenir como nación, ¡qué vergüenza mostrar una cara tan horrenda —irreal— al emisario de Zorombombo y a los visitantes y al auditorio que por vez primera se asoma para conocernos!

La manipulación de un individuo que promete, por fin, el cambio del mal al bien, del desastre completo al bienestar integral. Agradece a Peña Nieto, presidente digno y mesurado, con manchas, errores y aciertos como todos los presidentes que hemos tenido, por no obstaculizar su acceso al poder, como lo hicieron con él otros mandatarios corruptos. Después lo golpea, búrlase sin misericordia, olvidándose de su habitual salmodia del respeto, fíjense en esto, inédito, inaudito, nunca visto en un personaje que apenas tiene la calidad de electo: destruyo tu obra de infraestructura cumbre y tu reforma energética y la educativa y...

Señor López Obrador, señor presidente, mida sus palabras, las palabras no se las lleva el viento. Ha vuelto usted a la cantaleta de la mafia en el poder, de la minoría rapaz, de los neoliberales conservadores. Le sugiero templanza, prudencia y, sobre todo, humildad. Acoja a todos, fíjese en los que se arriesgan y crean empleos, desde el tendejón hasta el megaempresario. Mire que el tipo de cambio puede deteriorarse más, subir las tasas de interés, alentar la inflación. Y a fin de cuentas quien paga el pato es el pueblo sabio que usted dice cobijar. Ni tan sabio el alemán con Hitler, el italiano con Mussolini, el ruso con Stalin, el venezolano con Maduro y el de Nicaragua con Ortega. ¿Y el de México?

PabloAveleyra

Escritor

En lontananza

Estudió la Licenciatura en Economía en el ITAM. Prolífico autor que en sus obras ha abordado temas como la economía, la sociología y las finanzas.