La crisis sanitaria es global. El virus Covid-19, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), fue notificado por primera vez el 31 de diciembre del 2019 en la ciudad de Wuhan, China, y ese país sufrió miles de muertes por la enfermedad. Oficialmente más de 3,000 directamente vinculadas al coronavirus en el primer trimestre del 2020, aunque hasta ahora es el único que ya muestra señales de recuperación y de no más contagios.

Europa padece con severidad los efectos de la pandemia, tanto Italia como España superan los fallecimientos que se dieron en China por el virus, y la OMS, en el último reporte sobre cómo evoluciona el Covid-19 en el continente americano, mostraba 88,414 casos confirmados y lamentablemente 1,300 muertes, la gran mayoría (1,243) en Estados Unidos. El espejo de lo ocurrido en Europa y Asia nos dice que estamos lejos de concluir las fases críticas para detener o estabilizar el problema, que son esperables muchos más contagios y fallecimientos, pero que si logramos una buena coordinación entre sociedad y autoridades sanitarias, puede detenerse el número de casos de forma sensible y una mayor pérdida de vidas.

Según el reporte consultado al momento de escribir estas líneas, Brasil tiene 2,915 casos confirmados y 77 personas fallecidas por la pandemia, mientras que México suma este fin de semana más de 589 casos confirmados y ocho muertos (aunque ya se anunció el fin de semana en conferencia de prensa que tristemente ese dato de la OMS se habría duplicado a 16 fallecidos), un comportamiento similar al de Argentina que tendría hoy 589 casos confirmados y 12 personas que murieron.

La pandemia no es un juego ni debiera ser botín político de nadie. No es, por supuesto, ningún invento neoliberal para golpear al gobierno mexicano, pero tampoco se trata de un problema focalizado en nuestro país o provocado por su actual gobierno. Es una crisis mundial que debe atenderse y que se está atendiendo.

Sería irresponsable no adoptar medidas para detener los contagios y por ello es necesario que exista coordinación entre los gobiernos de los estados y la Federación, atender las recomendaciones del sector salud y, sobre todo, asumir que el reto es para toda la sociedad, que todos debemos poner de nuestra parte.

Minimizar los efectos del virus ha sido un error en varios países, pero creo que es evidente que eso ya lo tiene muy claro el gobierno de México y debemos por ello atender y apoyar las medidas sanitarias que implementa el sector salud. Apostar por su fracaso es suicida y usar la crisis sanitaria para ganar o conservar terreno político es también una irresponsabilidad. Los actores políticos deben alejarse de las narrativas propagandísticas, sean simpatizantes del gobierno u opositores.

Habrá tiempo para la política, para valorar si actuaron mal o bien las autoridades de México y del mundo, pero hoy debemos cooperar en la conducción contra la epidemia, unidas y unidos, sin que ello implique negar la realidad o renunciar a la crítica. El tema es no confundir deliberadamente con fines partidistas de unos u otros, ahora no; es un momento para mostrar altura de miras y respeto ante la gravedad de la enfermedad que toca la puerta.

No debiera haber espacio para la propaganda oportunista de ningún bando, tampoco para las noticias falsas o los discursos que a fuerza de repetir la misma idea afirman que el virus es imaginario.

Las y los especialistas y las autoridades de salud nos confirman que estamos ante una epidemia que no tiene antivirales o vacunas, que requiere estrategias para detener contagios masivos que saturen hospitales. La recomendación oficial es quedarse masivamente en casa.

Es un derecho exigir información completa y que se aclare cualquier duda, pero en ese contexto creo que la propaganda debiera guardarse en cuarentena, ya luego habrá tiempo para los debates y hasta reproches de un lado y otro, pero hoy se requiere sumar en favor de la salud general.

*Consejero del INE.

Marco Antonio Baños

Consejero del Instituto Nacional Electoral

Columna invitada