¿Qué modelo de desarrollo petrolero implica el Plan de negocios de la empresa? De entrada, el plan señala que el objetivo es recuperar a Pemex para consolidarla como “palanca del desarrollo nacional y garante de la soberanía energética”, como lo fue a fines de los años 70 y en la década de los 80. Con esfuerzos, México se ha alejado en las últimas décadas del modelo de “economía petrolizada”, para ser menos vulnerable y convertirse en una economía más diversificada. El principio rector del plan implica en ese sentido un retroceso.

Del plan se desprende un modelo con fuerte intervención estatal para preservar el monopolio basado en lo siguiente: (I) reducción de la carga fiscal para Pemex bajando la tasa impositiva de 65% en el 2019 a 54% en el 2021; (II) inyección de capital gubernamental del 2020 al 2022, totalizando 141,000 millones de pesos; (III) aumentar la producción de 1.7 millones de barriles diarios (mbd) en el 2019 a 2.8 mbd en el 2024; (IV) proceder con la inversión de Dos Bocas; (V) evitar endeudamiento adicional, y (VI) no habrá farmouts, pero se permite una participación de inversión privada muy limitada bajo la figura muy regulada de los contratos de servicios integrales de exploración y extracción que ya existían, y que ofrecen pocos incentivos para participar. La principal pregunta que debe hacerse es si el plan realmente plantea soluciones a la situación estructural de largo plazo de la empresa. Del documento, la respuesta es no. Los pasivos de Pemex exceden sus activos, situación que la ubica en una quiebra. Para corregir lo anterior, se requieren modificaciones estructurales profundas que el plan no contempla.

Inquieta que los recursos públicos en la forma del alivio a la carga fiscal y a las aportaciones directas produzcan un faltante fiscal de 269,000 millones de pesos entre el 2020 y el 2022. Esto abre un boquete en las finanzas públicas que no se plantea cómo será cubierto. Es un tema relevante, pues estos faltantes son necesarios para mantener el ancla de las finanzas públicas que es el superávit primario. Si se suponía que el plan debería mitigar el riesgo de una baja en la calificación crediticia, esta probabilidad no disminuyó. En suma, el plan decepcionó por su falta de realismo en varios temas y básicamente por no rehabilitar la posibilidad de los farmouts, por seguir adelante con el proyecto de Dos Bocas y por no explicitar cómo se va a cubrir el hoyo fiscal que será generado por el alivio fiscal y la inyección de recursos directos.

La gravedad es que, si Pemex pierde el grado de inversión y arrastra con ello la calificación de la deuda soberana, las implicaciones serían una importante debilidad de los fundamentales macroeconómicos. Ello ahuyentaría aún más a la inversión nacional y extranjera, y propiciaría un magro crecimiento económico, que impediría aumentar el empleo formal y la recaudación para financiar programas sociales de amplio beneficio para la población.