Se trata de Argentina, Brasil y Venezuela. Con antecedentes de una precaria democracia sucumbieron al discurso y gobierno de populistas, que entre otras oportunidades dilapidaron los beneficios de un periodo de tiempo en que los precios de las materias primas eran altos, pero que al revertirse, evidenciaron la fragilidad de la gestión de estos gobernantes.

El proceso de deterioro fue rápido, por sus bases prendidas de alfileres. Y evidenció la disminución de la importancia de los partidos políticos, la crisis de representación y la mediocridad del espacio público de la teledemocracia. La demagogia y desmesura como eje de todo. Socialmente, la inseguridad y el terror.

El pueblo argentino votó hace unas semanas contra el continuismo y la nebulosa gestión del gobierno de Cristina Fernández que trató de ocultar el desastre económico del país. No hay datos. Un gobierno que miente y no informa no puede calificarse de democrático.

Pésima gestión económica y populismo político, en un país que todavía no supera el prolongado autoritarismo de gobiernos pasados.

Por lo pronto, no hay reservas monetarias y la salida de divisas por parte de los ricos y políticos se calcula en 400,000 millones de dólares. Se avecinan más devaluaciones y elevaciones de precios como consecuencia de los previsibles ajustes.

El nuevo presidente, Mauricio Macri, busca el apoyo de Brasil para acometer un pacto de liberalización comercial entre el Mercosur y la Unión Europea, que permita mejorar las cuentas externas. También se separa del gobierno venezolano, con el que se tenía un matrimonio de conveniencia.

Brasil ya no es la estrella del rock. Hay crisis económica y crisis política, ambas determinándose.

La recesión que se vive, conduce paradójicamente a más restricciones. El gasto público está congelado, el desempleo se eleva, el consumo se estanca, la construcción de infraestructuras se desploma, las tasas de interés están en 14%, hay serios problemas de balanza de pagos. Es la peor recesión de los últimos 80 años.

Políticamente, la presidenta Dilma Rousseff sólo tiene 10% de aprobación y es el resultado de la enorme corrupción destapada que ha inmovilizado al país y al Congreso. Una salida anticipada de la presidenta puede ser la mejor solución, reconocen analistas internacionales. Y el ex presidente Fernando H. Cardoso asegura que si la presidenta no actúa con grandeza su régimen se convertirá en hilachos.

La perspectiva económica es la probable entrada del Fondo Monetario Internacional a Brasil para dar confianza, dinero y controles.

Venezuela está en una total aniquilación por un gobierno que sólo manejó perversidades sobre la base del principio chavista de que ya que no somos mayoría, juguemos a que sí somos .

La clase política estuvo humillada, la economía en un proceso de descomposición con una inflación de 200%, desabasto, autoritarismo. El gobierno ignoró que la Corte Interamericana de Derechos Humanos sentenció contra muchos abusos realizados.

Hay una desesperada politización que condujo al triunfo de la oposición en las elecciones legislativas del pasado domingo, con más del doble de posiciones que las obtenidas por el oficialismo. Se inicia una transición para reparar aberraciones como fue la demolición sistemática de la división de poderes para entronizarse en el poder por parte de Chávez y Maduro, que tuvieron el patético papel de enemigos de la democracia. Ni la regeneraron ni la defendieron.