Tan solo 10 días antes de que Angela Merkel ganase sus primeras elecciones en 2005, su predecesor Gerhard Schöder firmaba el acuerdo que ampliaba la capacidad de Rusia de enviar gas natural directamente a Alemania a través de un segundo gaseoducto en el Mar Báltico: Nord Stream 2. Los últimos días de Merkel al frente de Alemania coinciden con la finalización de la construcción del gaseoducto.

Nord Stream supone la reducción del volumen de gas enviado desde Rusia a Alemania y otros países centroeuropeos a través de países de tránsito, como Ucrania, Polonia, Lituania y Letonia. Estos países perderán ingresos derivados del cobro de tasas por el tránsito de gas y poder vis-à-vis Rusia. Ucrania mantiene una guerra frente a rebeldes en el Este del país apoyados por el Kremlin y los otros países mencionados acostumbran a sufrir intimidaciones y amenazas rusas.

Alemania justifica Nord Stream por dos razones. La primera, que a través del comercio Rusia devendrá un país más moderno, tolerante y democrático (Wandel durch Handel). La segunda, la deuda de Alemania con Rusia tras la Segunda Guerra Mundial por los daños humanos, materiales y morales causados. Los países ubicados entre Alemania y Rusia replican enojada y acertadamente que Rusia se está tornando más agresiva y autoritaria y que estos países no fueron menos víctimas de Alemania que Rusia durante la Segunda Guerra Mundial.

Debilitando la posición de los países de tránsito, varios de ellos socios de Alemania en la Unión Europea y la OTAN, Merkel renunció a impulsar una verdadera política común europea exterior y de seguridad y defensa, en tanto que priorizó objetivos cortoplacistas a nivel interno –abaratar el costo de la energía – a costa de alienar a sus aliados. Sirva de ejemplo que el Primer Ministro polaco rechazó recientemente recibir a la todavía Canciller Federal en Varsovia.

Las administraciones Obama y Trump fueron reticentes al proyecto e impusieron sanciones con el fin de bloquearlo, pero Joe Biden levantó estas sanciones. Una vez que Estados Unidos ha definido a China como su rival geoestratégico, Washington ha priorizado mejorar las relaciones con Berlín para así acercar a Alemania a un bloque frente a China.

Meses antes de que Washington diese su luz verde, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea emitió una sentencia sorprendente a la que no se le ha prestado la suficiente atención política. La sentencia falla contra Alemania y a favor de Polonia con respecto al sobreuso del gaseoducto de Nord Stream 1, interpretando que el de ‘solidaridad energética’ es un principio fundamental de la Unión Europea, efectivo incluso cuando no ha sido incorporado a la legislación secundaria. Por lo tanto, los Estados Miembro de la Unión Europea están obligados a garantizar la seguridad energética del resto de Estados Miembro en sus políticas energéticas nacionales.

La respuesta política a Nord Stream 2 llegó desde Madrid. España, muy lejos de Rusia, ve como su seguridad energética se ve amenazada por las tensiones entre Argelia y Marruecos. El gobierno español, muy bien conectado con la Comisión Europea, instó a esta a considerar que la Unión Europa lleve a cabo compras conjuntas de gas natural y que gestione reservas estratégicas, esto es, contraponer a los exportadores de gas natural un monopsonio europeo que restaría sentido a Nord Stream 2. España está muy lejos de Rusia, pero en las últimas semanas, el New York Times y La Repubblica documentaron la presencia de espías rusos durante la crisis del referéndum de independencia en Cataluña en 2017.

El próximo canciller alemán pagará un precio político caro por el abaratado gas natural ruso.

*Maestro en Estudios Europeos por la London School of Economics.

@FHortalForonda