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No se fíen de la recuperación de EU
Deuda de los gobiernos locales de Estados Unidos son uno de los focos rojos más encendidos en el tablero de riesgos financieros mundiales.
La recuperación económica de Estados Unidos es un animal extraño. Tiene rasgos que denotan fuerza, como el crecimiento de 3.1% del PIB, el incremento de 21% en las exportaciones y el record histórico de ganancias corporativas en el cuarto trimestre de 2010. Ese mismo animal tiene pies de barro: la tasa de desempleo no cede.
El número de bancos en riesgo ya casi llega al millar y sigue creciendo. La venta de casas nuevas no termina de levantarse, lo mismo que el precio de los bienes inmuebles.
La mayor economía del mundo tiene 13 millones 483 mil desempleados, de los cuales más de seis millones tienen un semestre o más sin trabajar. El crecimiento del PIB y de las ganancias corporativas es vigoroso, pero se produce sin reponer la mayoría de los puestos de trabajo que se perdieron en 2009. La tasa de desempleo no baja del 9.6%, una marca similar sería maravilloso para España, que tiene una tasa que coquetea con el 20 por ciento. Es pésimo para un país cuyo índice histórico está entre 4 y 5 por ciento.
Con tales cifras de desempleo, ¿a quien extraña que la confianza del consumidor tenga un comportamiento errático y/o negativo? En febrero registró un nivel de 63.4%, una fuerte caída respecto a enero. Los consumidores estadounidenses reportan incertidumbre por el aumento de los precios del petróleo, el estancamiento de las oportunidades en el mercado laboral y el incremento de quiebras y embargos. El consumo privado representa dos tercios de la economía de Estados Unidos. Un mal registro en el índice de confianza está relacionado con malas ventas en sectores como la vivienda. Por eso es normal que la venta de casas esté por los suelos. Tan sólo en febrero cayó 16 por ciento.
Calculated Risk lleva casi dos años elaborando el registro más exhaustivo de riesgo de los bancos estadunidenses. A mediados de 2009 eran 600 las instituciones en situación vulnerable. El número subió a 935 en enero de 2011 y la semana pasada llegó a 985. La buena noticia es que se trata de bancos de los que no habíamos oído hablar: Plumas Bank de Quincy, California o Country Bank de Aledo, Illinois. Se trata de pequeñas instituciones que no fueron contempladas por el programa de rescate federal. Ninguno de ellos provocaría grandes olas, en caso de quebrar. Si los quebrados se amontonan en decenas, sería otra historia.
Si la deuda de los particulares es un enjambre de dramas, el endeudamiento del sector público es un monstruo con dimensiones descomunales. La deuda pública federal de EU ya supera los 14 billones de dólares y crece a un ritmo mayor a un millón por minuto. Es terrible, pero no es todo: el coctel se vuelve explosivo si se suma la deuda de los gobiernos locales. Los 50 estados deben un total de 1 billón 171 mil millones de dólares. Los condados, 1 billón 716 mil millones de dólares. Ambas cifras son mayores que el PIB mexicano y son uno de los focos rojos más encendidos en el tablero de riesgos financieros mundiales. California es un deudor tan insolvente como Portugal, pero mucho más grande.
La recuperación de Estados Undios está lejos de ser un hecho irreversible.
El PIB nos cuenta una historia, pero otros indicadores nos dicen algo muy diferente. Esa recuperación es un animal extraño, que arroja un poco de luz, mientras arrastra una densa sombra.
lmgonzalez@eleconomista.com.mx