Sin identidad, debilitada y dividida, la oposición quedó colapsada el día en que JJ Rendón y Juan Guaidó contrataron a la empresa del militar estadounidense Jordan Goudreau para montar una escenografía contra Maduro. Ocurrió al finalizar el año 2019.

A principios del mes pasado charlé en la Ciudad de México con Molly de la Sotta, presidenta de la asociación “Familiares de presos políticos militares”. Venía a presentarse al museo de Antropología para recordarles a los integrantes de la oposición venezolana la situación que vive su hermano y más de 100 militares presos por el gobierno de Nicolás Maduro.

“Cuando se habló del diálogo de la negociación entre la oposición y el Gobierno de Maduro, las familias que tenemos víctimas de crímenes de lesa humanidad todavía en prisión tuvimos una esperanza de que se lograra al menos la liberación de los presos políticos”.

Molly de la Sotta se equivocó. No existe en la agenda de la oposición espacio para Luis Humberto de la Sotta, su hermano, ni para otros 124 presos políticos militares.

El miércoles, murió uno de ellos en la cárcel, el general Raúl Isaías Baduel, ministro de Defensa de Hugo Chávez.

Baduel, de 66 años, había estado preso en la cárcel de Ramo Verde, en Caracas, y luego en La Tumba, una cueva de alta seguridad diseñada por Manuel Ricardo Cristopher Figuera, ex número uno de la agencia de inteligencia Sebin quien ayudó a Leopoldo López a escapar de su casa el 28 de abril de 2019, y ahora, se encuentra en Estados Unidos colaborando con información.

No nos equivoquemos, Cristopher Figuera actuó de manera sanguinaria en contra de la oposición, y como tal, tiene que ser presentado ante tribunales internacionales por haber participado en crímenes.

Baduel ayudó a Hugo Chávez a retomar el poder luego de la intentona golpista sufrida el 11 de abril de 2002. Dos años después, Chávez lo nombró ministro de Defensa. En 2007 ocurrió la ruptura. El general escribió una carta manifestando su desacuerdo por las intenciones anti democráticas de Chávez.

Encarcelado entre 2009 y 2015, Baduel fue detenido de nuevo en 2017 acusado de conspirar contra el Gobierno de Maduro.

Ahora, muere, y como ocurre en todos los regímenes autoritarios, la versión oficial se tiñe de incredulidad.

Con excepción de Carlos Vecchio, a quien Molly de la Sotta sí lo ve como aliado de los militares presos por Maduro, el resto de la oposición no ha mostrado sensibilidad con los 124, ahora 123, militares presos políticos.

Tal parece que a la oposición únicamente le interesa el reparto de poder. Asiste a México para acreditar a Nicolás Maduro. “¿Cómo que no se han sentado y ya negociaron que van a haber elecciones regionales?”, me comentó Molly pocas horas antes del inicio de las conversaciones entre el Gobierno de Maduro y representantes de la oposición.

Baduel no ha sido el único que ha sido asesinado en la cárcel. Rafael Acosta Arévalo murió en junio del año pasado al ser presentado ante una audiencia judicial. “Le encontraron más de 53 signos de tortura”, me comentó Molly de la Sotta.

Por si fuera poco, el propio Leopoldo López, desde Miami, reveló el estado grave por el que pasa la oposición. El 5 de octubre dijo a la prensa:

“Mira, yo creo que estas elecciones, primero no son elecciones, son un evento electoral que ha convocado la dictadura en donde no hay ninguna condición (...) Estamos participando en este evento (...) para organizarnos, para movilizar, para poder recorrer las calles, para poder pasar el mensaje, esa es otra cosa  Ahora, no podemos decir que son unas elecciones libres”.

Este es un retrato de la oposición venezolana, involuntariamente, ayuda a Maduro a permanecer en el poder.

@faustopretelin

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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