Hace apenas un par de semanas (“El contexto dañado”, El Economista 16 de agosto del 2018), precisaba cómo el contexto para los mercados emergentes cambió a partir de este año. En esta colaboración, quisiera enfatizar la reflexión en características que no son necesariamente similares a otros episodios de estrés en el segmento y que apuntan a que puede tratarse de un evento con una permanencia prolongada no deseada

Asimismo, insistiremos en que México no es por mucho el que sale mal en la foto.

Primero, recordemos las similitudes: niveles crecientes de endeudamiento público y privado con el exterior, insuficiencia de crecimiento, lo que se traduce en recursos escasos e incapacidad para hacer viable el cumplimiento de obligaciones en moneda extranjera (falta de dólares, pues), un contexto que se volvió adverso (el inicio de un ciclo de aumento de tasas en el mundo desarrollado, la caída de los precios del petróleo, etcétera), una elevada especulación desatada por un evento crítico en algún país y el abandono de los capitales extranjeros del segmento.

Algunos episodios han sido violentos y otros no tanto, pero en todos los casos han generado un periodo de pérdidas. En ocasiones anteriores, la disposición de los acreedores ha sido rescatar, bajo ciertas condiciones, a las víctimas. Debido a ello, una vez pasado el susto, ha habido una recuperación importante de ganancias en el segmento emergente.

Esta vez, sin embargo, hay factores que apuntan hacia una solución incierta y distinta:

1. La postura del rescatista. Hacer a “América grande de nuevo” es una posición que tira hacia el proteccionismo, debilita a otras economías desarrolladas, agita el entorno geopolítico actual, genera incertidumbre y aparentemente está alimentando condiciones que podrían acarrear un aumento de la inflación y por ende de las tasas de interés. Este fenómeno se encuentra en una etapa aún de gestación y es poco probable que cambie pronto.

2. El movimiento mundial que ha dado lugar al empoderamiento de facciones de corte populista, tanto en el mundo desarrollado como en el de vías de desarrollo, implica un obstáculo mayor para adoptar el papel de rescatista y de rescatado entre los gobiernos.

3. En donde no hay democracia confiable, como pudiéramos decir que es el caso de Turquía, el gobierno ha adoptado una posición que rechaza las condiciones para la intervención de los organismos financieros que normalmente acudían a solucionar los problemas de financiamiento en veces anteriores.

Ninguno de estos factores cambiará en el futuro previsible. Por ello, no es aventurado decir que el nivel de crisis que ya experimentan muchos países emergentes puede agravarse y continuar mediante frecuentes episodios de presión por mucho tiempo hacia adelante.

El costo de la no existencia de un rescate directo vía acuerdos de financiamiento externo es grande y se reflejará en el estancamiento de las economías y en posibles crisis de corte político y social. El nuevo mundo del siglo XXI parece desechar el concepto de mercado emergente; hoy en día muchos más bien se sumergen en una situación de nuevo precaria.

Para dejar las cosas claras, México no pinta tan mal en este entorno. Primero, porque no necesita dólares por el momento, los déficits comercial y público son menores comparados con los de Brasil, Argentina, Turquía o Sudáfrica y hasta el momento cuentan con fuentes de financiamiento (exportaciones, remesas, inversión extranjera, entre otros).

Segundo, porque parece evitar la desconexión de su economía a la de Estados Unidos, lo cual implica el beneficio de un flujo de comercio que muchos emergentes simplemente no tienen. Por ello, el peso se ha revaluado en lo que va del año contra devaluaciones de dos dígitos en los países en donde el contexto actual genera problemas serios de corto plazo.

Hay que reconocer que algo de lo muy, muy poco que de verdad “contó” positivamente de la administración pasada fue la decisión de sacrificar el proyecto de Mover a México, por el de amarrar el balance público y otorgarle un poco más de estabilidad.

Pero este beneficio claramente es insuficiente para garantizar inmunidad y varios de los planteamientos de la nueva administración generan incertidumbre simplemente por el contexto al que se van a enfrentar a partir de ya.

Hay que ser conscientes de nuestra ventaja contra otros mercados emergentes y hacer lo que haya que hacer para no destruirla.

*Rodolfo Campuzano Meza es director de Estrategia y Gestión de Portafolios de Invex. Cualquier pregunta o comentario puede ser enviado al correo:

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