Muchos que observan la evolución de los mercados locales después de las elecciones pueden traducir el comportamiento como una señal inequívoca de que las cosas irán mejor. Pero, en el terreno económico, no resulta tan sencillo instrumentar cambios importantes

Por ahora, hay sólo una etapa de menor tensión y los mismos problemas sobre la mesa; algunos de ellos se recrudecen en el momento.

La muestra significativa es el tema fiscal que ahora está en boca de todos. Los posibles funcionarios del nuevo gobierno hablan sobre mantener la disciplina fiscal (eso quiere decir no elevar el déficit público ni el nivel de endeudamiento).

Hay medidas que apuntan a la consecución de recursos vía la centralización de las compras del gobierno y el cierre de programas de apoyo social poco eficaces. Sin embargo, hay temas que ya causan problemas de comunicación incluso antes de que las responsabilidades caigan en el candidato ganador y su equipo.

Uno de ellos es el tema inflacionario. Respetar la autonomía del Banco de México es el principio básico para consolidar las expectativas de inflación en el futuro.

Pero tal tarea requiere, como lo dice el banco central en cada informe trimestral sobre la inflación, del apoyo de políticas públicas que colaboren para reducir las presiones.

No podemos saber si la afirmación del supuesto futuro secretario de Hacienda sobre una inflación cercana a 5% para el 2019 es el reconocimiento de que en anteriores episodios de alza en la inflación el gobierno ha sido el principal determinante.

También es posible que, como mencionan algunos, los efectos de tal declaración sean parte del aprendizaje de lo delicado que se vuelve hablar para las autoridades de alto rango.

El caso es que en estos momentos la inflación ha vuelto a presionarse. (Regresó a un nivel superior a 4.5-4.65%, de hecho). El tema de los precios de la gasolina se vuelve relevante por dos cosas: uno, porque la mayor presión proviene de lo elevado de los precios a nivel internacional.

En los últimos 12 meses, el precio internacional del petróleo ha subido poco más de 60% y las gasolinas no se han quedado atrás; dos, porque con todo y el aumento que ya existe en los precios de los combustibles en este año, éste ha sido amortiguado por una merma intencional del Impuesto sobre Productos y Servicios (IEPS) que no está siendo cobrado en su totalidad.

Por ello, lo que declaran el futuro presidente y sus funcionarios designados es relevante. ¿Qué va a pasar con los precios si la presión se mantiene? ¿o si se incrementa? Aumentarán en consecuencia, se aumentará el subsidio implícito con un cobro aún menor del IEPS.

Se ha dicho que los precios de la gasolina no aumentarán en términos reales (eso quiere decir que sí aumentarán, pero lo mismo que la inflación. ¿Qué inflación? La de los últimos 12 meses (lo cual le traslada cierta inercia a los precios), ¿la esperada?, ¿por quién?

Hay a quienes les gusta la teoría de la conspiración y especulan que en el segundo semestre volverá a haber un ajuste de una vez por todas para limpiar la presión hacia el año que viene.

El problema es que la presión no es determinable si no sabemos a cuánto estarán el precio de las gasolinas a nivel internacional y el del dólar.

Entre que son peras o son manzanas, los agentes en el mercado de dinero no se entusiasman.

La estabilidad en el tipo de cambio no se refleja mucho en las tasas, de hecho, éstas han subido en esta semana. El manejo de estas presiones y las decisiones de tipo discrecional que están detrás harán al Banco de México permanecer en una zona de cautela con la posibilidad de volver a aumentar la tasa de corto plazo de ser necesario.

La aparente postergación de la negociación del TLCAN hasta noviembre, la limpieza del proceso electoral y el discurso amigable hacia los mercados de quienes formarán el nuevo gobierno han quitado tensiones que se reflejan más en una menor presión del tipo de cambio.

Pero los elementos de riesgo ahí están presentes: la guerra comercial, la postura del presidente Trump en temas comerciales que nos hace no anticipar muchas buenas noticias y la presión de los precios de los combustibles, por mencionar unos pocos.

Esta distensión podría no durar hasta el 1 de diciembre y la transición, por más entusiasmo que despierte, puede no ser tan tersa en las variables financieras.

*Rodolfo Campuzano Meza es director de Estrategia y Gestión de Portafolios de Invex. Cualquier pregunta o comentario puede ser enviado al correo:

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