La semana pasada escribí en este espacio sobre la complicada ruta que enfrenta la economía mexicana para tener un buen desempeño en el 2019, entendiendo buen desempeño crecer por encima de una tasa de 2.0 por ciento. Mencioné algunos factores de carácter interno que apuntan a un primer trimestre complicado, como la crisis de abasto de gasolinas, el cierre de las vías de ferrocarril en michoacán, la huelga en varias empresas en Matamoros, la degradación en la calificación de la deuda de Pemex que anunció Fitch Ratings, y los muy probables cuellos de botella para ejercer el gasto público de manera eficaz, como la centralización de las compras en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

A esto, hay que agregar algunos indicadores que ha venido publicando el Inegi en días recientes, que muestran un desempeño que se inclina a un menor ímpetu de la economía, como es el caso de la inversión fija bruta, que en noviembre del 2018 tuvo una reducción importante, y el de la producción industrial, que a diciembre del 2018 acumuló tres meses consecutivos de caídas frente al mes inmediato anterior. En el mismo sentido apunta la caída en las importaciones que también se observó en diciembre, pues el importar menos es un indicio de una disminución en el ritmo de la actividad económica.

A esto hay que agregar, y por eso retomo el tema de la prospectiva económica para el 2019, lo que se observa en el ámbito internacional, en donde se anticipa un año más complicado para las economías de diversos países. Por ejemplo, el banco de la Reserva Federal de Dallas, estima que Estados Unidos crecerá máximo 2% en el 2019, pues el plan de estímulos fiscales tan promovido por Donald Trump está perdiendo su encanto y por tanto, sus efectos positivos sobre la tasa de crecimiento de aquel país. Para dar una idea de la desaceleración, los principales analistas estiman que la tasa definitiva de crecimiento del PIB en el 2018 habría sido ligeramente inferior a 3.0 por ciento.

Por otra parte, se estima que para el 2018, China tuvo una tasa de crecimiento de 6.6% frente al 2017, la menor tasa en los últimos 28 años. Pero la perspectiva para el 2019 no es mejor, pues el consenso de los analistas es que crecerá entre 4 y 6.4%, así que estaríamos hablando de su peor desempeño de los últimos 29 años.

Por el lado de Europa, el panorama no es distinto. La Comisión Europea difundió al cierre de la semana pasada su reporte de invierno, en el que comunica que estima que los países que conforman lo que se conoce como la zona euro, tendrán un crecimiento de apenas 1.3 por ciento. Entre esos países, Italia se estima que crezca a una tasa de apenas 0.2%; Alemania, 1.1%; o Francia, con un 1.3 por ciento. Reino Unido crecerá a 1.2%, su menor tasa desde el 2009.

Para México, ya mencioné antes que Bank of America pronostica un crecimiento de 1.0 por ciento. Pero ahí están también los pronósticos de Banamex, que prevé un crecimiento de 1.4% para este año, o de Bursamétrica, que estima que el PIB crecerá este año a 1.5 por ciento.

Bien valdría la pena que la administración del presidente López Obrador empiece a trabajar en enviar señales que se traduzcan en mayor certidumbre en el mediano y largo plazo. La forma de hacer anuncios en las conferencias mañaneras, sin el debido rigor, como en los casos de la Comisión Federal de Electricidad, de Pemex o del nuevo aeropuerto, lejos de brindar certidumbre, generan duda para los inversionistas. En el difícil entorno que se anticipa, seguir así nos condenará a crecer poco o nada.

*El autor es economista.

Gerardo Flores Ramírez

Experto en telecomunicaciones

Ímpetu Económico