Lectura 3:00 min
Más atrás de la clase media
Que somos clasemedieros y que con base en ello hay que planear el futuro está bien, pero paciencia, quizá ocurra dentro de algunas décadas, si todo va bien.
La afirmación de Rubio y De la Calle de que somos un país de clase media, wathever that means, deriva de observaciones esenciales como las siguientes: has viajado alguna vez en avión (sí, cuando me regresaron de Estados Unidos), tienes coche (desde luego, pero está inservible y sirve de gallinero), miras la televisión (claro, alborota apetencias que no puedo satisfacer, como el que se excita con pornografía y llega hasta ahí), vas al cine y pagas a plazos (naturalmente, en el salón y en la tienda de raya que son propiedad del cacique local), entre muchas otras.
Todo esto no refleja más que la frialdad de las estadísticas y las encuestas. Vaguedades si se trata de nuestra realidad social, como dijo ese sencillo filósofo y maestro universitario Samuel Ramos, de quien Paz tomó las ideas básicas para su Laberinto.
Que somos clasemedieros y que con base en ello hay que planear el futuro suena excelente, pero paciencia, quizá ocurra dentro de algunas décadas, si todo va bien. Buenas intenciones, error de visión de clasealteros que no salen de Las Lomas y Polanco, fantasías que esquivan la realidad, nación de clase media, nuevo mito.
Dicen mis informantes: cuando éramos pequeñas, el ingreso familiar era el aportado por nuestro padre, rudo campesino, por la venta de maíz y de la leche de una vaca; la casa ya no es de adobe y las hermanas hemos comprado, en abonos, WC, regadera, sala, estufa y refrigerador, con nuestro sueldo como criadas. De esta doble servidumbre tardarán mucho en salir.
Persiste en nuestro México una educación que perpetúa las diferencias entre unos y otros, así como el rencor y el sentimiento de inferioridad.
Escriben niños de quinto de primaria de una escuela oficial: no importa si eres moreno porque todos los mexicanos somos morenos, esclavos porque nosotros éramos indios y ellos no, fuimos conquistados, nos oprimieron...
La servidumbre y la discriminación sobreviven en estos días, entonces que no se hable de libertad e igualdad, menos de independencia, respecto de qué. No debemos caer en la ilusión de que ya dimos el brinco. Mejor deberían trabajar el gobierno, la empresa y las organizaciones intermedias en descubrir los medios eficaces para sacar a la mayoría de la población de la pobreza material, cultural y de oportunidades.
parroyo@eleconomista.com.mx