Los paradigmas económicos que sirvieron para darle estabilidad a las relaciones internacionales, los términos de referencia a los gobiernos para el diseño de sus políticas y el crecimiento económico se están erosionado por su ineficacia.

Los principales problemas son el proceso de desglobalización, el cambio climático, la desigualdad, la inestabilidad financiera y los efectos en las nuevas tecnologías.

La globalización está en crisis y se advierte en la paralización de la actividad productiva en muchas plantas de automóviles, de ropa o de tecnología en Asia, Europa y EU, por falta de suministros y componentes.

La integración global que se mide por la incorporación de los países en las cadenas globales de valor se ha venido reduciendo desde el 2008 y se ha acelerado en los años recientes con el surgimiento de la guerra comercial entre EU y China.

El gobierno de China resolvió reducir su dependencia del mundo exterior y ha aumentado los niveles de integración productiva interna. Otro ejemplo es el de Alemania que ha reducido su integración regional con otros países de la Union Europea. Y en EU el Partido Republicano y el Partido Demócrata sostienen una dura posición con China.

El cambio climático por sus efectos perniciosos es un grave problema mundial. Hay acuerdo internacional para pararlo pero no hay participación de los países para aplicar las medidas para hacerlo.

Para el mundo, la sostenibilidad medioambiental es necesaria. Para ello se requiere equilibrar los modelos de producción y el respeto al planeta. No existe un planeta B como lo dijo Greta Thunberg.

Las estrategias descansan en el consumo de energéticos basados en el sol. Cambios de materiales fósiles por renovables. Ésta es una lucha muy intensa porque la economía mundial es adicta al dióxido de carbono, dañino para el ambiente.

La desigualdad en el mundo y en cada país rompe con las ilusiones y promesas de superarla, terminan las gestiones gubernamentales y la desigualdad aumenta.

A nivel mundial, la desigualdad se ha agudizado por el deterioro del Estado de bienestar: menores gastos sociales por el cambio tecnológico y la globalización que establecen una carrera de costos a la baja y el menor poder sindical que explica los salarios bajos.

El incremento de la desigualdad, dice el agudo analista, del Financial Times, Martin Wolf, es un pésimo augurio para la paz social e incluso para la supervivencia de las democracias estables, basadas en el sufragio universal, que emergieron en los siglos XIX y XX en los países actualmente de mayor ingreso”.

En América Latina, un país: Chile, que en palabras de su presidente actual era un “oasis de estabilidad”, ya rompió esta creencia al salir a la calle a protestar.

La explicación es la desigualdad. La clase media y los trabajadores de bajos ingresos se gastan 45% de sus salarios mensuales para pagar deudas. En el otro extremo, 10 multimillonarios chilenos tienen una riqueza de 40,000 millones de dólares, 16% del PIB del país. Un clamor popular se ha escuchado: la desigualdad conduce al control político por parte de los ricos.

La inestabilidad financiera está marcada por el menor flujo de inversiones extranjeras a pesar de las bajas tasas de interés. Ellas están sirviendo para acumular deudas, realizar fusiones, pero no para mayor inversión.

En cuestión tecnológica, entre 50 y  90% de los trabajos perdidos se debe a los cambios tecnológicos. Esta situación va a empeorar.

Ante estos hechos, ahora, en Europa se discute entre economistas de alta calidad técnica y antiguos dirigentes políticos (en el Foro de la Nueva Economía) la búsqueda de un nuevo paradigma económico, que supere los daños del neoliberalismo, enfrente el auge de los partidos de extrema derecha y las formaciones populistas.

Sergio Mota Marín

Economista

Economía y Sociedad

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.