Los Juegos Olímpicos son la versión lúdica de la burocrática ONU; prueba fehaciente de que el deporte animó a la globalización antes que la economía.

Si el Consejo de Seguridad (China, Estados Unidos, Rusia, Francia y Reino Unido) está colapsado desde décadas atrás, en los Juegos Olímpicos no hay derecho de veto, claro, con la excepción de la Guerra Fría y sus respectivos boicots entre Estados Unidos y la Unión Soviética.

Un día del año 2019 Japón organizó el Mundial de Rugby como preámbulo de los Juegos Olímpicos programados para el 2020. La organización fue un éxito y por primera ocasión Japón clasificó dentro de los primeros ocho.

Hacia finales de 2019, el comité organizador de los Juegos Olímpicos reportaba la petición de 23 millones de boletos multidisciplinarios, también señaló la cifra de 80,000 voluntarios, pero se presentaron 200,000. Todo iba bien. Muy bien.

El rubro turístico generaba sobresalientes expectativas. Japón cerró el 2019 con 31.9 millones de visitantes. Un récord por séptimo año consecutivo, lo que permitía estimar en 40 millones el 2020 gracias al efecto de los Juegos Olímpicos.

El Comité Olímpico Internacional comenzaba a divulgar entre sus asociados algunas de las leyes japonesas a considerar por los turistas extranjeros: multa a las mujeres que circulan sin brasier en edificios con aire acondicionado; a aquellos que se saltan las colas de espera sea cual sea el motivo de su urgencia y; a quienes no avisan al vendedor cuando reciben cambio de más. En culturas como la mexicana no era materia optativa su conocimiento para evitar sucesos desafortunados como ocurrió en el Mundial de futbol, cuando la ocurrencia de un sujeto lo llevó a orinar en el monumento del soldado desconocido en el Arco del Triunfo.

Lo ocurrido durante 2020 es conocido por el mundo entero. La covid-19 entró en el puerto de Yokohama a través del crucero Diamond Princess y, al día de hoy, continúa asentado en el país.

Existe una obsesión en el mundo por normalizar la vida como si el calendario marcara el año 2030, diez años de experiencia en el manejo de la pandemia. Las postales de conflictos políticos en el interior de la Villa Olímpica comienzan a ocurrir. Veamos dos ejemplos dentro del triángulo Japón, Corea del Sur y China.

Luego de que grupos de extrema derecha japoneses protestaran por la presencia de unas banderas colocadas por la delegación surcoreana, el COI, calificándolas de “provocativas”, obligó a retirarlas. Se trataba de un conjunto de enseñas que formaban la frase: “cuento con el apoyo de 50 millones de coreanos”, una cita que hace alusión a las palabras de un héroe coreano durante las invasiones japonesas entre 1592 y 1598.

Para equilibrar los sesgos políticos que emiten símbolos como las banderas, el COI también prohibió a la delegación japonesa exhibir la bandera del Sol naciente (un sol rojo del que emanan 16 rayos) por resultar ofensiva para algunos países asiáticos al tratarse de un símbolo imperial.

El segundo ejemplo es un error que cometió el presidente del COI, Thomas Bach. La semana pasada, luego de haber pasado dos semanas en cuarentena en un hotel, declaró públicamente: “Nuestro objetivo común son unos Juegos seguros para todos: para los deportistas, para todas las delegaciones y, lo más importante, también para el pueblo chino”. Ups, no. “El pueblo japonés”. El gazapo le quitó gramos de empatía a los de por sí enojados japoneses.

Según una encuesta publicada en junio por el periódico japonés The Asahi Shimbun, el 32% de los encuestados deseaban la cancelación definitiva de los Juegos Olímpicos, mientras que un 30% opinaba que lo mejor sería posponerlos un año más. Finalmente, quienes estaban de acuerdo en organizarlos como ahora están programados es el 34%.

La molestia tiene su origen en el manejo de la pandemia. Con datos del pasado lunes, solo el 22.5% de la población ha recibido las dos dosis de la vacuna. Algo insólito en un país industrializado como lo es Japón.

El 64% de los adultos japoneses encuestados por el Pew Research Center, y publicada el 20 de julio, señala que el gobierno no ha hecho las tareas adecuadas para controlar la pandemia.

El mal humor social ha llevado a Toyota a retirar su publicidad vinculada a los olímpicos en el mercado japonés. El enojo en redes ha saltado a la realidad. El show debe continuar, aunque sea con cubrebocas y sin gente en las gradas.

Serán los Juegos Olímpicos más silenciosos de la historia. Fantasmales.

El autor es Fausto Pretelin Muñoz de Cote, profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal y Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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