(Primera de tres partes)

Un gran maestro de matemáticas que tuve en la secundaria siempre nos enseñaba que cometer errores era bueno, porque podíamos aprender de ellos para mejorar. Cuando un alumno tenía mal un ejercicio, solía llamarlo para hacerle ver en dónde se había equivocado y asegurarse de que supiera hacerlo bien. Nos decía: “equivocarse es un derecho humano: lo que no se vale es abusar de ese derecho” (abusar significaba no querer aprender).

Esto es relevante porque quiero hablar en esta serie, acerca de los errores más comunes que mucha gente comete con relación a sus finanzas personales. Pero también, muy importante, de lo que podemos aprender de ellos para mejorar nuestra relación con el dinero y con ello nuestra calidad de vida.

Si hemos cometido algunos de estos errores, no debemos sentirnos mal. Por el contrario: somos afortunados porque ahora lo sabemos y eso nos da una gran oportunidad de cambiar.

1. Gastar por impulso, por instinto o sin control.

Cuando conocí a mi esposa, dinero que tenía se lo gastaba. Ella lo reconocía y prefería darme su dinero a guardar. Me decía: “si lo tengo yo, se me va de las manos”.

Muchas personas son así, no saben ni en qué se les va el dinero y viven esperando con ansias la siguiente quincena. Hay otras que sí llevan un registro de gastos en una app, que aunque les da información, no les ayuda mucho en cambiar sus hábitos financieros.

¿Qué es lo que sucede? No tenemos control de nuestro dinero, en lugar de ello, el dinero nos controla a nosotros. Eso nos hace sentir ansiosos y nos causa estrés.

¿Qué tenemos que hacer para cambiar? Aprender a tomar el control de nuestro dinero. En otras palabras: cada vez que recibamos un ingreso (no antes) tenemos que “etiquetarlo”: decirle a nuestro dinero qué es lo que tiene que hacer por nosotros.  Si no lo hacemos, entonces el dinero hará lo que él quiera.

Entonces, cada vez que recibamos un ingreso, en el momento en que tengamos ese dinero en mano (o depositado en nuestra cuenta de nómina) tenemos que sentarnos y hacernos una sola pregunta: ¿Qué es lo que necesito que este dinero haga por mí, antes de que me vuelvan a pagar”.

2. Olvidarnos de los gastos irregulares.

Cuando era pequeño, era muy común ver en las noticias en los meses de julio/agosto y también en diciembre/enero, las enormes colas en el Nacional Monte de Piedad. La gente iba a empeñar alguna joya o posesión, para poder tener dinero para pagar las vacaciones, el regreso a clases o enfrentar la llamada “cuesta de enero”.

Todos estos son gastos irregulares: sabemos que sucederán pero no los tomamos en cuenta. Entonces cuando suceden, nos toman por “sorpresa” y nos fuerzan a pedir prestado para poder enfrentarlos.

¿No sería mucho más sencillo separar un poquito cada mes, de manera que cuando se presenten, tengamos el dinero disponible?

Entonces, cuando nos sentamos para decirle a nuestro dinero qué es lo que queremos que haga por nosotros, tenemos que considerar también estos gastos que tenemos que hacer y que sabremos que vendrán. La única diferencia es que no ocurren cada mes.

Si no los tomamos en cuenta, si los olvidamos, entonces cada vez que se presenten causarán un desequilibrio en nuestras finanzas personales. Ya lo sabemos, lo hemos vivido: aprendamos de ello.

Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com