El domingo pasado, a última hora, se anunció que Canadá había llegado a un acuerdo con Estados Unidos respecto al Tratado de Libre Comercio de América del Norte. De esta manera, con algunas modificaciones, Canadá se incorporó al acuerdo previamente pactado entre México y Estados Unidos

En redes sociales, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció que el pacto comercial dejará de llamarse “Tratado de Libre Comercio para América del Norte” y ahora se conocerá como “Acuerdo Estados Unidos-México-Canadá” o USMCA, por sus siglas en inglés.

Por conveniencia, podríamos llamarlo NAFTA 2.0, aunque en muchos aspectos, es inferior al acuerdo que remplazará.

Lo bueno

Lo mejor, por supuesto, es que se alcanzó un acuerdo, es decir, a pesar de los ataques al NAFTA por parte de Donald Trump, se mantiene el acceso libre de arancel, en lo general, para bienes originarios en Norteamérica.

Se conserva la prohibición a la adopción de aranceles a la exportación e incorpora nuevas disciplinas para promover y facilitar el comercio. Se mantiene el esquema de solución de controversias previsto en el Capítulo 19 del TLCAN original.

También se incorporan nuevos esquemas para la promoción del comercio digital. Se prohíbe la adopción de aranceles aduaneros y otras medidas discriminatorias en productos digitales, garantizando la protección al consumidor en temas de privacidad.

En materia de telecomunicaciones, se establece un marco regulatorio para permitir la competencia efectiva entre los operadores en cada mercado.

Para incorporarse al tratado, Canadá acordó abrir cerca de 3.5% de su cerrado mercado lácteo a productores de Estados Unidos.

Respecto a las tarifas automotrices bajo la sección 232, México y Canadá obtendrían cada año una cuota de vehículos de pasajeros libres de aranceles por 2.6 millones de vehículos exportados anualmente a Estados Unidos, mientras que las camionetas construidas en ambos países estarán exentas por completo.

Lo malo

Probablemente, algunos de los cambios más importantes se dieron en las reglas de origen, donde se elevó el Valor de Contenido Regional a 75% y se fijó un nuevo concepto llamado Valor de Contenido Laboral de 40%, mismo que debe ser producido en regiones de altos salarios (por lo menos 16 dólares la hora).

Estas dos restricciones no existían en el acuerdo de 1994 y en cierto sentido hacen inferior a este nuevo acuerdo.

Lo feo

Aunque se despeja la incertidumbre de negociar con un gobierno encabezado por un personaje volátil e inestable, este acuerdo aún tiene que ser aprobado por los congresos de México y Estados Unidos así como por el Parlamento de Canadá.

En México y Canadá deberá ser aprobado, tal vez con algunos sobresaltos, pero no necesariamente en Estados Unidos. En noviembre se celebran elecciones legislativas en Estados Unidos y si los republicanos pierden control del Congreso, la aprobación de este tratado podría ser más complicada.

Esta nueva incertidumbre explica en parte la depreciación de 2% en la moneda mexicana en tan sólo cuatro días, con lo que el valor de la moneda es inferior al que tenía antes de que se alcanzara un acuerdo.

NAFTA es un negocio de más de 1 billón de dólares del que dependen millones de empleos en los tres países. Aunque el nuevo acuerdo moderniza el anterior en varios aspectos, también representa un retroceso en otros. Desafortunadamente, ni siquiera podemos asegurar que este nuevo acuerdo sea aprobado por el Congreso de Estados Unidos.

*Héctor O. Romero es director general de Signum Research.