Ahora que empieza el año con grandes discusiones académicas y pragmáticas sobre política económica y los países que las han aplicado, conviene recordarlas para aprender de errores y aciertos. O simplemente para saber.

Por un lado está la posición de que primero hay que ajustar para después crecer. En esta posición se ha situado la Unión Europea. Por otro, está la posición de que primero hay que crecer antes de ajustar, opción que se maneja en Estados Unidos y que ha sido la triunfante en un mundo de crisis. Se confirma con la recuperación del crecimiento económico de EU, que en el tercer trimestre del 2014 fue de 5%, y con el abatimiento del desempleo, que pasó de 11 a sólo 5.6 por ciento.

Por el contrario, en Europa las políticas de austeridad y equilibrio presupuestal, descartando flexibilidades y otras opciones, condujeron al estancamiento actual y a un desempleo del doble del estadounidense.

La política económica de EU consistió en apoyar a las entidades financieras que tenían problemas, canalizándoles dinero público y así aumentar el crédito y la producción. Se hizo a través de una prudente política monetaria, así como de otros estímulos.

Con ello favoreció la expansión económica. Ahora esta política ha sido abandonada porque se lograron los objetivos, conservando las tasas de interés a niveles cercanos a cero. Esta política recuerda a John Maynard Keynes, el notable economista inglés que dijo: En una intervención adaptada del Estado es donde encontramos la salvación de la crisis. Intervención adaptada quiere decir tomar en cuenta los mecanismos reales de funcionamiento de la economía .

En Europa prevaleció la política fiscal restrictiva y sólo ahora, que se advierte el relativo éxito estadounidense, el Banco Central Europeo ha anunciado que iniciará una política monetaria expansiva, comprando bonos públicos de los países europeos en dificultades. Mientras ello ocurre, las tasas de desempleo de los países del sur -Grecia, España y Portugal- son de 26, 24, y 13%, respectivamente, las más altas de Europa.

Subsiste el problema de la baja calidad del empleo; grave, pero menos que si no lo hubiera. A ello se agrega el deterioro de los salarios, que junto al desempleo incrementan la desigualdad, que ha mostrado señales de alerta dada su amplitud creciente. Se reconoce, sin embargo, que la desigualdad más que un problema económico es político.

En la cuerda floja están Rusia y los países de América Latina que apostaron por altos precios del petróleo. Rusia esta reduciendo gastos, inversión, y tendrá dificultades para pagar sus deudas. Dentro de América Latina, el caso más patético es el de Venezuela, porque depende esencialmente de los ingresos por la exportación de petróleo.