Cada historia forma parte de otra historia. La realidad a veces parece ser un fractal, de muchas otras cosas, y la carta de AMLO al papa, tiene varias historias. Por la simple y sencilla razón, de que lo que ocurre en México, no es lo mismo que lo que ocurre en el Vaticano. 

Comencemos por la historia que enmarca al receptor de la carta, y con esto me refiero al papa Francisco.

El pontífice argentino celebrará su octavo aniversario el próximo año, en un entorno que dista mucho de ser miel sobre hojuelas. Las disputas internas acerca de crímenes financieros, abusos sexuales, diferencias doctrinales, y los esfuerzos del líder eclesiástico por reformar el aparato administrativo del Vaticano, le han dado rienda suelta a diversas facciones, que han buscado controlar a la Iglesia Católica, desde la muerte de Juan Pablo II.

Quedando esto último ejemplificado, en la “renuncia forzosa” del Cardenal Giovanni Angelo Becciu, por sospechas de desviación de fondos, y en el pleito cantado que traía con Cardenal australiano George Pell, el encargado del papa para transparentar las finanzas, quien el año pasado fue acusado de abuso sexual.

Parece que cada vez salen más trapos al sol, en esta guerra que muchos han resumido en términos de liberales y conservadores. Siendo estos últimos, los que esperan que Francisco fracase, y puedan dar marcha atrás a todas sus reformas.

Dentro de los cuales, tal vez resalte el Arzobispo Carlo Maria Vigano, quien además de ser fiel partidario de Donald Trump, solicitó públicamente la renuncia del papa en el 2018.

Como se puede ver, el momento del papa es un poco complicado y concederle a nuestro presidente sus peticiones, de “ofrecer disculpas a los pueblos originarios por las oprobiosas atrocidades que sufrieron durante la Conquista en 1521”, junto con la Monarquía Española y el Estado Mexicano, puede salirle caro con las facciones más conservadoras.

Ahora bien, para el emisor de la carta, el momento es un poco diferente. Porque como bien lo dice el documento, “el próximo año se cumplirán 700 años de la fundación de México-Tenochtitlán; los 500 años de la invasión colonial española y el bicentenario de nuestra independencia.” Además de que también se llevará acabo, el momento de mayor movilización de nuestra historia, el banderazo ya se dio, y esto implica el inicio de una narrativa de patriotismo.

Porque no deja de ser un mensaje que unifica a su base electoral, y que puede asimilarse al sentimiento de justicia que se busca con las consultas.

La carta es parte de esta historia de “una nueva patria”, que se busca fundar con esta cuarta transformación y que, aunque tiene motivos válidos, no deja ser parte de otra historia, con un clímax diferente. Es una pieza de algo más que, aunque no se logre, ya cumplió su cometido.

Simplemente porque el mensaje ya ha sido enviado, al igual que en la consulta, y no se olvida. Tal vez por ello, haya sido escrita el dos de octubre. 

Recordemos que en la política las actitudes se recuerdan más que los hechos, la manera en como algo nos hizo sentir no se olvida, y sino ahí están las encuestas.

El último en salir apague la luz.

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Stephanie Henaro

Profesora de Geopolítica

El último en salir apague la luz

Analista y comentarista mexicana. Estudió la licenciatura en relaciones internacionales en el Tecnológico de Monterrey CCM y en el Instituto de Estudios Políticos de París (Sciences-Po). Cuenta con una especialidad en política exterior rusa por el MGIMO de Moscú y una maestría en Geopolítica, Territorio y Seguridad en la Universidad de King’s College London en Inglaterra.