El presidente de la nación más poderosa del mundo, se ha contagiado de coronavirus. La realidad lo alcanzó y eso evidencia el mal manejo que ha tenido de la pandemia, pero también deja claro que, en un país notoriamente dividido, quien quiere verlo derrotado, no lo quiere ver enfermo, y eso trae consigo cambios, en el tono de la contienda.

Porque al ser la incertidumbre y el estado de su salud, los temas que hoy dominan la opinión pública, muchas cosas han quedado relegadas, entre ellas, un primer debate caótico que demostró, que la polarización está muy por encima, del interés en el bien común.

Haciendo de esta manera evidente, que aunque se reconozca de una manera pública o no, en Estados Unidos las desigualdades crecientes, han hecho que hoy exista una Segunda Guerra Civil latente, que a menos que estos asuntos se resuelvan, no hará más que aumentar. 

Retomando el tema de la realidad que ha alcanzado al presidente Trump, la primera lectura sería, que este hecho pone la lupa sobre su mal manejo de la pandemia, y que no sería sorpresa, que esto pudiera afectarlo de una manera negativa en la contienda.

Después de todo, su menosprecio del tema, y la anteposición de intereses económicos y políticos sobre la vida humana, hoy han hecho que ese país cuente con más de 7 millones de casos y cerca de 209,000 muertes.

Una tragedia inaudita, por donde se vea, que contrasta de una manera natural, con la percepción que muchos estadounidenses tienen de su presidente. 

Una encuesta realizada por IPSOS y ABC News, el viernes por la tarde, revela que 3 de cada 4 estadounidenses, dudan que Trump haya tomado las precauciones necesarias, para cuidarse. Mientras que el 72% cree que no tomó demasiado en serio, el riesgo de contagiarse.

Evidenciando, tal vez, que tampoco antepone su propia vida, a sus fines electorales, y contrastando de una manera rotunda, con el manejo que le ha dado Joe Biden. 

Donald Trump, no es el primer líder mundial que se ha enfermado. Personajes como Boris Johnson y Jair Bolsonaro, ya han andado por este camino. 

En el caso de Boris Johnson, su enfermedad no parece haber afectado su gestión. Encuestas como las de Politico, que midieron la intención de voto parlamentario durante ese periodo, revelan que el apoyo al partido conservador, se mantuvo en un 51% en las semanas consecuentes, y que su aprobación tuvo un repunte, al pasar del  54 al 60%, después de su hospitalización. 

Algo similar podría ocurrir con Trump.

Porque además de tomar como referencia, lo ocurrido con el Primer Ministro británico, hay que recordar que en la historia de Estados Unidos, candidatos enfermos han sido capaces de ganar las elecciones.

Con esto me refiero a Ronald Reagan y a lo ocurrido después de la muerte de Warren G. Harding. Reagan casi muere en 1981, después de un intento de asesinato a manos de John Hinckley, y fue capaz de ganar la reelección en 1984. Mientras que en el caso de Harding, el partido republicano se quedó en el poder por otros diez años, después de que muriera en el cargo en 1923.

Con Bolsonaro, el índice de aprobación no tuvo gran cambio, pero aprovechó el momento para seguir diciendo que la enfermedad no es tan grave, y que son más los que se recuperan que los que fallecen.

Línea en la que no resultaría nada extraño ver a Trump y que puede que, todavía, encuentre quién le crea. 

El último en salir apague la luz.

Twitter: @HenaroStephanie 

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Stephanie Henaro

Profesora de Geopolítica

El último en salir apague la luz

Analista y comentarista mexicana. Estudió la licenciatura en relaciones internacionales en el Tecnológico de Monterrey CCM y en el Instituto de Estudios Políticos de París (Sciences-Po). Cuenta con una especialidad en política exterior rusa por el MGIMO de Moscú y una maestría en Geopolítica, Territorio y Seguridad en la Universidad de King’s College London en Inglaterra.