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Opinión

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La pesadilla V

El privilegio de opinar Por: Manuel Ajenjo

Va a cumplirse el primer aniversario del accidente en el que murió Juan Camilo. Tal vez por eso los viajes aéreos, aunque sean en el avión presidencial, me ponen nervioso -le confiesa Felipe a Max, mientras el aparato gana altura en el vuelo de regreso de Miami-.

Échate un trago para que te calmes -le sugiere su coordinador de Comunicación, quien ya tiene dos cubas servidas, remueve los hielos con un agitador y con éste como baqueta golpea vasos, hielera, botellas y trofeo, acordándose de sus tiempos de baterista-.

El trofeo-tarola es el Premio Bravo que a Calderón la noche anterior le entregó la revista Latin Trade -especie de TVyNovelas de los negocios- quien lo consideró líder del (d)año. Tras el acostumbrado ¡salud!, se echan un Hidalgo , homenaje etílico al iniciador de la Independencia.

Y, panistas ambos, a continuación otro homenaje, éste para el consumador de nuestra emancipación, un Iturbide lo mismo que el Hidalgo pero no para quien deje algo, sino para el que no convide. Ya relajado, nuestro hombre, cierra los ojos y se deja llevar por la somnolencia. Su coordinador de comunicación y tragos continúa tocando la improvisada batería. Al ritmo de ésta canta uno de los éxitos del grupo al que por poco tiempo perteneció, Tú y yo somos uno mismo . Caprichos de la duermevela, Felipe confunde lo que Max canta con La granja el éxito de Los Tigres del Norte.

SI LA PERRA ESTÁ AMARRADA

Las primeras imágenes del sueño recrean el momento en el que fue distinguido con el Premio Bravo y su discurso: Amigas y amigos, un primer desafío que los mexicanos hemos enfrentado con entereza es la lucha contra el crimen organizado . Felipe alza la vista para reconocer a la concurrencia, todos son personajes de Looney Tunes.

Prosigue: Y déjenme decirles que no se trata de una obsesión del Presidente de México, no se trata de una particular terquedad sobre este tema . Si es necedad de tu parte -interpela Piolín, quien añade- ya te lo he dicho por escrito: no sabes ser el Can Mayor, no permites que cada uno de los perros de delante de tu flotilla te diga el horizonte que él ve. No escuchas puntos de vista de tus colaboradores. Tu operativo no opera porque tus colaboradores esperan que tu digas qué y cómo con tal de no recibir reprimendas públicas o privadas de tu parte. Estás más solo que nunca, pero eres tú quien ha querido estar así porque no confías ni en tu sombra.

POR EL ZORRO LO SUPIMOS

Lo dicho por Piolín cala muy hondo en el ánimo de Felipe. En el sueño sabe bien que el canario es Carlos Castillo Peraza, que fuera su jefe, maestro y mentor (mentor en el sentido de guiar no de mentar). Cuando Calderón se apresta a contestarle, Piolín desaparece porque le pareció ver a un lindo gatito. Y en efecto, ahí está Silvestre -gato con botas- que se caracteriza porque no pierde la oportunidad de abrir la boca: ciertamente -dice el guanajuatense con voz de Sam Bigotes- creo que el Ejército debe abandonar la lucha contra el narcotráfico y volver a los cuarteles.

Ya son tres años y creo que es indispensable venir con nuevas ideas y nuevas estrategias. Dicho lo anterior, Silvestre se convierte en el Pato Lucas -su verdadera personalidad- y como si supiera del tema comenta: la Ley de Ingresos que se aprobó en la Cámara de Diputados es pírrica -¿sabrá lo que significa esta palabra?-. En México no se pagan impuestos porque existe desconfianza en el gasto del gobierno -si lo sabrán él, su mujer y sus entenados.

LOS PUERQUITOS LA AYUDARON

Lo dicho por Silvestre-Sam Bigotes-Pato Lucas-Vicente Fox remite al galardonado a la cuestión de los impuestos y, de manera inusitada en él, arremete: si pagar impuestos es obligado para cualquier ciudadano, en términos de justicia lo es más para las empresas que más ganan y que rara vez pagan impuestos en el país.

El auditorio se escandaliza por lo que oye. Más aún cuando ve que el orador se transforma en sus gestos, en su figura y hasta en el tono de su voz que se ha tornado tropical.

Estoy pidiendo que pongan su parte -insiste aguerrido-, que cumplan con la ley; que está bien que tengan actividades filantrópicas y que patrocinen eventos deportivos y culturales, pero que también paguen.

Al decir lo anterior Felipe se mira en el trofeo que acaba de recibir en el que se refleja su cabeza. No es él. No tiene lentes y su cabellera, rala, ahora es canosa y abundante, un gallito asoma en la parte de arriba. Es inaceptable -continúa- que los grandes grupos corporativos que operan en el país paguen impuestos por sólo 1.7% del total de sus ingresos acumulados. Esto ya no puede ser.

Varios de sus amigos protestan de manera airada. Porky sale al quite: la mayoría de las empresas, incluidas las grandes -enfatiza para disipar la tormenta suscitada por el cambio de discurso de su jefe- sí pagan sus impuestos y bien. El gobierno de México de ninguna manera busca vulnerar la solvencia financiera de las empresas.

Cuando Porky está concluyendo su defensa, el protagonista del sueño ve al mayor de sus hijos que luce unos nuevos tenis de marca cara. Luis Felipe -LFC son sus iniciales- o te cambias de calzado o te extingo tus domingos. Por el bien de México, primero los tenis -piensa.

El ruido de la improvisada batería de Max que cae al suelo y el movimiento de una turbulencia aérea despiertan a Calderon que aliviado le comenta a su acompañante: qué bueno que desperté, estaba a punto de conminar al Trife a revisar los paquetes electorales y contar voto por voto, casilla por casilla.

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