A los ojos de la gran mayoría se viene un crecimiento económico muy sólido provocado por la contención de la pandemia y por las medidas que ahora adoptan los gobiernos. El foco de este crecimiento se centra en los dos polos más relevantes para el comercio: China y Estados Unidos.

Le decía la semana pasada que existe un consenso bastante grande entre los inversionistas globales de que se avecina un repunte económico significativo en la economía de Estados Unidos y en general en el mundo desarrollado.

Por eso en los mercados hay el entusiasmo que se percibe y el fuerte aumento de precios de casi toda clase de activos.

La fiesta inició a finales del verano con la recuperación de China y el impulso del sector manufacturero, se reforzó con el anuncio de la existencia de vacunas para combatir la pandemia y tomó un vuelo mayor con la firmeza de la postura de la Reserva Federal y de otros bancos centrales.

A los ojos de la gran mayoría se viene un crecimiento económico muy sólido provocado por la contención de la pandemia y por las medidas que ahora adoptan los gobiernos. El foco de este crecimiento se centra en los dos polos más relevantes para el comercio: China y Estados Unidos.

Esta concepción ha provocado la expansión de los aumentos abruptos de precios en toda clase de activos, no solo ya en los beneficiados por los episodios de confinamiento. El disparo de precios es extenso y en algunos segmentos hay señales muy visibles de burbujas especulativas, como pueden ser los precios de algunas acciones del sector tecnológico, algunos precios de bienes básicos, y desde luego en las criptomonedas; así como en los bienes raíces en determinadas ciudades.

Los mercados tienen capacidad de permanecer en este estado por algún tiempo. Es poco probable que los inversionistas dejen de apostar a este escenario de “reflación” como algunos le llaman.

Compartimos la idea de que la fuerza de la distorsión que han establecido las autoridades seguirá manteniendo flujos de inversión hacia segmentos de riesgo, en muchos razonamientos a favor de la continuación de esta etapa tan favorable el argumento clave es precisamente que las autoridades no van a cambiar su postura.

Podríamos compartir la idea de que el cambio de actitud de las autoridades no es cercano, y también que la pandemia aún está lejos de pasar a segundo plano a pesar de la efectividad de las vacunas.

Pero si la confianza actual se traduce en una recuperación acelerada, habrá reacciones que sin duda van a generar una situación menos “cómoda” para los mercados, pensemos en algunas:

1. Mayor inflación. No importa que la Fed señale que será más tolerante con la inflación. Si los precios de los bienes básicos continúan subiendo y el gasto de los consumidores se acelera gracias al fin del confinamiento y a la generosa ayuda de sus gobiernos, vamos a ver una presión de precios que para los inversionistas no pasará inadvertida. Las tasas de largo plazo seguirán con su tendencia de alza y, si bien la magnitud del movimiento y el retraso de la Fed en reaccionar, vamos a ver inquietud en los mercados, en el de deuda y también en el de capitales.

2. Tomas de utilidad: Creemos que al concretarse una recuperación acelerada en los meses siguientes los inversionistas tratarían de tomar utilidades y “vender la noticia”. La racha de ganancias es enorme. Bajo un contexto de recuperación, la perspectiva de muchas emisoras para el año 2022 podrá seguir siendo positiva, pero para los inversionistas habrá más posibilidades de un ambiente adverso motivado por la posibilidad de mayores impuestos, mayor regulación y posiblemente señales de una reversión de la postura de las autoridades antes de los previsto.

Las segunda y tercera ola de pandemia trajeron consigo una respuesta muy drástica de las autoridades en apoyo de la economía. SI no habrá más olas en el futuro, es previsible que tal condición tan radical de estímulo se ponga en entredicho, ese momento no va a ser tan fácil de manejar para las autoridades.

En mi experiencia, en distintos episodios de acción de los bancos centrales o los gobiernos la idea de un aterrizaje suave no ha funcionado; hemos visto correcciones fuertes en los mercados.

Una última nota. El razonamiento previo también aplica para los activos en México. La curva de tasas ha reaccionado a alza y parece mantener un piso derivado del movimiento de alza de las tasas en el exterior.

Es probable que el Banco de México intente reducir la tasa de referencia en febrero bajo el argumento de la holgura en la economía, pero las presiones de precios, en especial en la parte subyacente tienen el potencial de generar una decepción en el mercado de dinero que descuenta una baja de al menos medio punto en este semestre.

El tipo de cambio y la Bolsa están sujetos a que permanezca el momento de propensión al riesgo por parte de los inversionistas a nivel global. Pocas noticias en el entorno nacional podrían hacer que hubiese una revaluación por otros motivos.

Podremos ver por un tiempo que se continúe con la buena marcha de dichas variables, pero la volatilidad que pueda surgir en el entorno global nos permeará, delo por seguro.

*Rodolfo Campuzano Meza es director general de Invex Operadora de Sociedades de Inversión.

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