Un plan de gastos es tan sencillo como suena: decidir cómo vamos a gastar el dinero que ganamos. Pero es mucho más: es tomar control de nuestro dinero, en otras palabras decidir qué es lo que quiero que ese dinero haga por mí. Si no lo hacemos, entonces nuestro dinero hará lo que quiera y por ello la sensación de que se nos va de las manos fácilmente.

El dinero es escaso, como hemos visto en colaboraciones anteriores. Eso implica que, independientemente de nuestro nivel de ingresos, no podemos comprar con él todo lo que queremos. Habrá cosas que tendremos que dejar para después y otras para las que simplemente no nos alcanza. Esa sensación de escasez a su vez implica que tenemos que elegir entre dos o más cosas. Eso significa priorizar: primero lo que es más importante para nosotros. De ahí la importancia de tener claras nuestras metas y objetivos financieros.

Un plan de gastos que funcione tiene los siguientes componentes esenciales:

1. Planear sólo con lo que tenemos en mano. Uno de los grandes errores que la gente comete a la hora de hacer presupuestos es planear tanto ingresos como gastos. Pero el futuro puede no darse como lo pensamos y por ello es mucho mejor hacer un plan sólo con el dinero que hoy tenemos en mano.

Si nos pagan por quincena, pues cada vez que recibimos ese dinero nos sentamos a hacer nuestro plan: ver cómo nos lo vamos a gastar. Si empezamos hoy y apenas nos van a pagar nuestro salario dentro de una semana, sólo podremos presupuestar el dinero que hoy tenemos en nuestra cuenta bancaria. Ni un peso más.

2. Asignar a cada peso que ganamos un trabajo. Esto se conoce también como presupuesto de suma cero y se trata precisamente de darle un destino a la totalidad de nuestro ingreso. Recordemos: dinero que se queda sin un trabajo —dinero ocioso que no sabe qué hacer— es dinero que hará lo que quiera y se nos irá sin ningún control.

Hace muchos años nuestros abuelos recibían su salario en efectivo, y cuando llegaban a su casa lo distribuían en distintos sobrecitos: tanto para la renta, tanto para el gas, tanto para el supermercado, etcétera. Esto es precisamente asignar a cada peso que ganamos un trabajo. Les funcionaba bien. hoy en día manejamos dinero electrónico (cuentas de nómina), pero también podemos manjar sobrecitos virtuales.

3. Tomar en cuenta los gastos que no ocurren cada mes. Esto es clave y mucha gente lo olvida. Si sé que en febrero voy a necesitar 6,000 pesos para pagar las inscripciones escolares de mis hijos, es mucho más fácil hacerlo si guardamos —separamos— 500 pesos cada mes durante un año. De esta manera, cuando se presente el gasto, ya contaremos con el dinero completo y no tendremos que incurrir en deudas o ver de dónde lo sacamos. Estos pagos irregulares, como el predial o las vacaciones familiares, se pueden planear y es más fácil hacerlo si cada mes vamos poniendo —guardando— de poquito en poquito dinero en el sobrecito correspondiente.

4. Las cosas cambian, nuestro plan también. Debemos tener muy claro que los planes no están escritos en piedra. Las circunstancias en la vida cambian y eso implica que tenemos que hacer ajustes sobre la marcha. Por ejemplo: nos enteramos de que nuestro grupo favorito viene a México para dar un concierto y queremos ir, pero no lo teníamos contemplado en nuestro plan. Pero podemos cambiar nuestro plan. Si queremos comprar boletos para el evento, tendremos que ver de qué otro sobrecito vamos a sacar el dinero, es decir, cómo podemos reasignar nuestro gasto de tal manera que podamos acudir sin causarnos un desequilibrio.

Habrá veces que en un mes tendremos necesariamente que gastar un poquito de más: entonces simplemente ajustemos esa cantidad —ese exceso— en el plan del mes siguiente.

5. Vivir un mes por delante. Ésta es una gran idea para disminuir nuestras preocupaciones y estrés financiero: el concepto de gastar este mes dinero que ganamos desde el mes pasado. Dejamos así de vivir al día, lo cual a su vez nos da una gran sensación de libertad.

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JoanLanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com