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La importancia de la banda ancha
Hace algunos días, leí en diversos diarios de nuestro país que el presidente Calderón destacaba ante los asistentes a un evento relacionado con TICs los avances en materia de telecomunicaciones que ha logrado su administración.
Concretamente, un diario reportaba en palabras del Presidente lo siguiente: Resaltó que México es uno de los países que más ha avanzado en esta materia en los últimos años, debido a que es una nación que más ha reducido el costo de las tarifas, tanto para el uso de Internet como de telefonía, con el objetivo de abrir la competencia en todos los terrenos .
No hay duda, el sector ha aportado avances en lo que va del sexenio, que las tarifas de los servicios han disminuido. Pero es necesario ubicar en un contexto real tal desempeño, pues buena parte de ellos se deben a una inercia del sector y, por el contrario, no son el resultado de políticas concretas, por más empeño que en el discurso se haya puesto a las famosas tres C : cobertura, competencia y convergencia.
Un buen ejemplo de ello es el acceso de los mexicanos a la banda ancha. Ya lo mencionaba yo en una de mis colaboraciones anteriores, en la que destaqué la poca importancia que se le daba a este tema en el V Informe del presidente Calderón, donde la estadística sobre este tema quedó relegada a un dato puntual, a diferencia de los demás indicadores que usualmente se reportan para el sector, respecto de los que el informe presenta datos para varios años.
El tema es relevante porque muestra la falta de determinación para impulsar una política pública articulada para promover la expansión de la infraestructura en nuestro país, por un lado, y el acceso a servicios de banda ancha, por el otro, en mejores condiciones de precio y calidad.
No hay duda de que los concesionarios de redes públicas de telecomunicaciones han realizado importantes inversiones para ampliar el alcance de sus redes, que han tratado de introducir nuevos paquetes de servicios o incluso que han mejorado el precio del acceso a la banda ancha, medido este como el precio por megabit por segundo.
Sin embargo, hay mucho más por hacer, sobre todo desde la esfera de la autoridad. En este contexto, bien vale la pena traer a colación los esfuerzos que sí han llevado a cabo diversos países con el objeto de promover una mayor expansión de la infraestructura de banda ancha y una mayor adopción de ésta por parte de la población. Para ambos propósitos se requiere impulsar medidas de aliento.
Ahora bien, no se trata de juntar diversos programas y anunciarlos como un plan o estrategia nacional de banda ancha. Se trata de hacer un diagnóstico serio para determinar dónde está parado el país, sobre todo desde el punto de vista regional, en materia de infraestructura, de competencia y de utilización de los servicios por parte de la población.
Una vez hecho lo anterior, se determina qué cambios legales y reglamentarios son necesarios con el fin de lograr un mejor ecosistema para el desarrollo de la banda ancha y se define un líder que deberá impulsar tales medidas y las que estén en manos de las autoridades administrativas. Por ejemplo, como parte de este ejercicio, se determina cuál es el enfoque regulatorio más adecuado para lo que se conoce como redes de nueva generación, cuál es el tipo de esquema de servicio universal que debe impulsarse, cuáles son los tipos de obligaciones que deben imponerse a los prestadores de servicios a efecto de contribuir a que los consumidores puedan tomar las mejores decisiones.
Así lo hicieron ya países como Estados Unidos, que a través de la Federal Communications Commission desarrolló durante casi un año lo que ahora se conoce como el Plan Nacional de Banda Ancha; el Reino Unido, que a través del regulador OFCOM desarrolló la estrategia conocida como Digital Britain; Francia, que a través de una oficina del presidente Sarkozy lanzó una estrategia denominada France Numerique, y así muchos otros países como Australia y Corea, o Brasil y Chile en nuestro continente.
Desafortunadamente, en México el sexenio prácticamente llega a su fin y ni siquiera se aprecia en el horizonte visos de algún plan de esta naturaleza. Sin un buen diagnóstico y el consiguiente conjunto de reformas necesarias, poco se puede avanzar. Por ello, no comparto el optimismo del presidente Calderón. Se ha avanzado, pero mucho menos de lo que se podría haber logrado de haber realizado esfuerzos como la construcción de un Plan Nacional de Banda Ancha. Hoy no lo tenemos.
*El autor es Diputado federal. Presidente de la Comisión de RTC y Secretario de la Comisión de Comunicaciones.