La economía del conocimiento posiciona a la información y al conocimiento como los principales motores de la competitividad y desarrollo de largo plazo en los países

El Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) la define como aquella cuyo funcionamiento se sustenta de manera predominante en la producción, distribución y uso intensivo del conocimiento y la información. En específico, diversos organismos internacionales (como la FAO, por ejemplo) consideran fundamental para el desarrollo económico la transferencia de tecnología al sector primario. Ése será el énfasis de mi columna.

El Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018 enuncia en la meta III, México con Educación de Calidad , el objetivo 3.5: Hacer del desarrollo científico, tecnológico y la innovación pilares para el progreso económico y social sostenible .

El gobierno busca aumentar el crecimiento de la inversión en investigación científica y desarrollo tecnológico. Además, plantea hacer más estrecha la vinculación de las universidades y los centros de investigación con los sectores público, social y, en especial, privado, para así fortalecer los procesos de transferencia de conocimientos y tecnologías.

La meta IV, México Prospero , destaca en el objetivo 4.10: Construir un sector agropecuario y pesquero productivo que garantice la seguridad alimentaria del país .

Para lograr dicho objetivo es de gran importancia contar con una economía del conocimiento enfocada al sector primario; es decir, que la investigación y el desarrollo tecnológico generen innovaciones aplicadas al sector agroalimentario para elevar su productividad y competitividad.

Uno de indicadores que permite monitorear el nivel de desarrollo de una economía del conocimiento dentro de un país o región es la inversión destinada al desarrollo de la investigación y la tecnología, y que se conoce como el Gasto en Investigación Científica y Desarrollo Experimental (GIDE).

Usualmente, los países reportan el gasto realizado en estas actividades respecto del Producto Interno Bruto (PIB). Para el 2010, la relación GIDE/PIB fue de 0.45% para México, mientras que para Israel, Finlandia y Corea del Sur estuvo cerca de 4 por ciento. Para ese mismo año, el GIDE/PIB en Chile, Argentina y Brasil fue de 0.33, 0.49 y 1.16%, respectivamente.

La relación GIDE/PIB presentó su nivel más alto para México en el 2015, con 0.57 por ciento. El objetivo del país en este indicador es alcanzar 1% para el 2018.

El país ha trazado una ruta para guiar el desarrollo de la ciencia y la tecnología en las diversas áreas del conocimiento, entre ellas la agrociencia. Esta ruta tiene potencial para contribuir a la aportación de soluciones de algunos de los grandes problemas nacionales, como la seguridad alimentaria, la pobreza y la falta de dinamismo en la economía.

En este sentido, el día de mañana comentaré los esfuerzos de instituciones académicas y gubernamentales, como FIRA, para fomentar la transferencia de tecnología y la innovación en las empresas agroalimentarias.

* Claudia Graciela Cervantes Rodríguez es especialista de la Subdirección de Evaluación de Programas de FIRA.

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