Los Bienes Públicos de nuestro país están siendo frenéticamente destruidos por el gobierno populista que México padece, y las consecuencias de ello son devastadoras. Podremos percibir el alcance de la tragedia si sabemos que los Bienes Públicos son el fundamento físico, productivo y funcional de una sociedad, son su tejido conector y plataforma de desarrollo, bienestar y sustentabilidad. Los Bienes Públicos normalmente no pueden ser generados en forma espontánea por el mercado, en virtud de que no es rentable su producción privada, dadas sus características de no exclusión, no rivalidad y de consumo o uso colectivo. Es decir, nadie puede ser excluido de su disfrute, su disfrute por parte de una persona no presupone limitaciones a otras, y ofrecen satisfacción u utilidad a más de un usuario de manera simultánea. Bienes Públicos clásicos son la seguridad nacional y política exterior, la seguridad pública, la impartición de justicia, la salud pública, la educación pública básica, la biodiversidad y los ecosistemas, el paisaje, el patrimonio histórico y arquitectónico, el clima, el aire limpio, la investigación científica básica, la cultura, las instituciones electorales, el alumbrado público, entre otros. Sobre ellos habitualmente no operan un mecanismo de precios ni de derechos de propiedad privada. Pueden identificarse versiones de Bienes Públicos con ciertas restricciones, como los Recursos Comunes, que son no exclusivos, aunque exista rivalidad en su consumo o utilización (pesquerías, bosques, acuíferos subterráneos, parques, vialidades, sistemas de transporte público). Otra modalidad son los Monopolios Naturales, que no son rivales, aunque sí exclusivos (sistemas de agua potable, redes eléctricas, aeropuertos, ferrocarriles, autopistas, Metro), donde no puede haber competencia, y donde se presentan grandes economías de escala. En todos ellos es casi siempre esencial la intervención o participación del Estado para promoverlos, crearlos y mantenerlos. De hecho, la creación y mantenimiento de Bienes Públicos es la razón de ser misma del Estado.

En México, el gobierno populista de López está empeñado en destruir nuestros bienes públicos, con la finalidad de transferir en forma masiva presupuestos a subsidios y dádivas clientelares para comprar votos y voluntades, a proyectos absurdos, megalómanos y de gran impacto ambiental, y a gastos opacos, discrecionales y corruptores como el gigantesco fideicomiso en el Ejército de más de 65,000 millones de pesos. Pretende sustituir Bienes Públicos por una relación directa de dependencia económica entre él y el “pueblo”. Las motivaciones y consecuencias de todo esto son aterradoras. Así, ha aniquilado al Seguro Popular, al Fondo para Enfermedades Catastróficas, al sistema de distribución de medicamentos, y a las estancias infantiles. Ha reducido las aportaciones federalizadas a los estados destinadas a la salud pública en más de 46%. Ha saqueado los Fondos de Estabilización de Ingresos Presupuestarios, al Fondo Mexicano del Petróleo, y al Fondo de Desastres Naturales, así como a numerosos fideicomisos para el financiamiento de la investigación científica, el desarrollo tecnológico, y la cultura. Desapareció a la Policía Federal, única policía civil de alcance nacional en pleno desenvolvimiento.

Ha destruido la obra de infraestructura más importante en el México moderno imponiéndole a la Nación un daño patrimonial astronómico (el Nuevo Aeropuerto en Texcoco). Ha desbaratado la calidad de la educación pública al desparecer al Instituto Nacional de Evaluación de la Educación y a todo el sistema de evaluación magisterial. Ha cancelado prácticamente el programa de escuelas de tiempo completo. Bloquea y paraliza la generación de energía limpia. Ha arruinado a las instituciones ambientales a cargo de nuestras Áreas Naturales Protegidas (CONANP), del desarrollo y conservación forestal (Conafor), de infraestructura hidráulica (Conagua), del conocimiento de la biodiversidad (Conabio), y de la regulación ambiental básica (Subsecretaría de Gestión, Semarnat). Ha abandonado la conservación marina cancelando proyectos de nuevas Áreas Naturales Protegidas en el mar y acabando con la regulación pesquera (de ahí el embargo camaronero). Ha dejado en el deterioro a carreteras y servicios públicos, y recortado brutalmente presupuestos para sistemas de transporte estratégicos, como el Metro de la Ciudad de México (lo que explica en buena medida el terrible accidente de esta semana).

El saldo de dos años y medio de gobierno populista es ya catastrófico. Reconstruir los Bienes Públicos de México llevará muchos años, sudor y lágrimas. Empecemos este 6 de junio.

@g_quadri

Gabriel Quadri de la Torre

Ingeniero Civil y Economista

Verde en Serio

Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.

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