El gran cineasta español Luis Buñuel apuntó en su autobiografía: La memoria es invadida constantemente por la imaginación y el ensueño, y puesto que existe la tentación de creer en la realidad de lo imaginario, acabamos por hacer una verdad de nuestra mentira .

A nuestra América Latina le damos por querencia y por demagogia una dimensión que no tiene. Se festina un gran avance democrático cuando todo se limita a votar cuando toca y poco más. Lo que tenemos es una democracia de baja calidad . En 11 países latinoamericanos la violencia se ha apoderado de la vida cotidiana. En lo que va de este siglo ha habido alrededor de 1 millón 200,000 muertes violentas.

Alimentando la inseguridad está el narcotráfico con niveles sorprendentes de operación, la policía con su perversa condición de estar dispuesta a colaborar con el crimen organizado, la desigualdad que se potencia con los medios televisivos que ofrecen de manera extravagante la opulencia de unos pocos a los ojos de una sociedad con mínimos de subsistencia y que por ello desarrolla un sentimiento revanchista.

La desigualdad erosiona la unidad familiar. Con las desigualdades sociales crece la frustración, el desaliento, el desconsuelo y también la delincuencia. La desigualdad es de ingreso, educación, seguridad, salud, acceso a la justicia.

Algunas instituciones latinoamericanas revelan que la clase media ha tenido un ascenso. Sin embargo, el problema, particularmente en países importantes, es que no son cifras confiables porque no resultan de datos duros, producto de los servicios estadísticos regulares basados en registros administrativos. Provienen de encuestas en las que un entrevistado revela que es de la clase media porque simplemente lo declara.

También lo que ha sucedido es que se ha creado el consumo subsidiado, producto de las dádivas gubernamentales repartiendo dinero a través de programas clientelares y no del aumento de la producción o de la productividad. La realidad no sufre modificaciones. Prueba de ello es que en Venezuela, por ejemplo, se ha elevado la criminalidad a pesar de un supuesto incremento en el ingreso. En Brasil los pobres declaran que ya no lo son después de haber recibido algún efímero paliativo y la promesa de su continuidad.

Todo este manejo de cifras ofrece un matiz ilusorio y también expectativas de progreso difícilmente realizables, sobre todo porque ahora los motores de la economía mundial están descompuestos. También si buscamos indicadores serios, podrían usarse el Índice de Desarrollo Humano que realiza el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, el Informe PISA sobre calidad educativa realizado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos y el Informe sobre Competitividad en Infraestructura del Foro Económico Mundial que ubican a América Latina en el lugar 55 en relación con otros países. Ninguna medalla importante.

En relación con el crecimiento económico, el director del Instituto del Banco Mundial, Vinod Thomas, dice: La experiencia de los países en desarrollo y también de los industrializados muestra que no es meramente más crecimiento, sino mejor crecimiento lo que determina en qué medida aumenta el bienestar .

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