Resulta notable el espíritu pragmático con que en Estados Unidos abordan los problemas. Ello explica su eficacia y su poder.

La nueva presidenta del banco central de Estados Unidos, Janet Yellen, reconoció recientemente ante el presidente Obama: Hay gente que no es capaz de encontrar un trabajo y está preocupada por cómo pagar las facturas y llegar al final del mes . Ante ello y la erosión del salario, que es depredador para toda la economía, propone observar los hechos y actuar.

Su prioridad es el empleo. Políticamente, es proclive a la intervención del gobierno frente a los graves problemas. En esta tesitura se distancia de Alan Greenspan, que consideraba que los mercados deben hacer lo que quieran. Y de Ben Bernanke, otro conservador, aunque debido a las circunstancias que se le presentaron se puede decir que era más tolerante.

La nueva conducción de la Reserva Federal considera que las decisiones políticas son muy importantes para enfrentar los problemas económicos.

Es una visión totalmente opuesta a la escuela de Chicago. La posición de Yellen y las previsibles decisiones abren una perspectiva favorable para Estados Unidos que repercutirá en toda la economía mundial. Por lo pronto, ya es evidente el efecto de las políticas expansivas en el ámbito monetario, para un mejor crecimiento económico.

También es muy relevante la revolución energética que lleva a cabo Estados Unidos. Con la técnica de la fractura hidráulica, en sólo cinco años la producción de petróleo ha crecido 30% y la de gas en 25 por ciento. Con este desarrollo, el país vecino del norte va en camino a ser autosuficiente en energía, crear empleos e ingresos fiscales mayores. La explotación de petróleo y gas no convencional generó 2 millones de empleos y 74,000 millones de dólares para el fisco en el 2012. Su competitividad industrial se ha elevado por las diferencias de precios con Europa y Asia. Las refinerías e industrias petroquímicas están acudiendo rápidamente a Estados Unidos.

El manejo estadounidense de la política monetaria, bajo criterios menos ideologizados y más orientados a enfrentar los retos con soluciones, significa para muchos países con políticas ortodoxas una luz en el camino. Y la revolución energética, además de darle a Estados Unidos solvencia y soluciones a los problemas de abastecimiento, es un ejemplo de que sí se puede.

A todas luces la tecnología para liberar el gas ha contribuido a bajar los precios de los energéticos. Esto era inconcebible hace 10 años. Ahora la energía procedente del gas ya constituye más de 25% del mercado de gas natural en territorio estadounidense, comparado con tan sólo 1% en el 2000. Incluso se abre el camino de que Estados Unidos pueda llegar a convertirse en un exportador neto de gas a mediano plazo.

Hay también muchos problemas que tendrán que resolverse en el camino. El principal es el riesgo de contaminación del subsuelo y que se puedan causar sismos.

Con todo, lo que está ofreciendo Estados Unidos al mundo es una intervención adaptada del Estado, lo que significa tomar en cuenta los mecanismos reales de funcionamiento de la economía . O sea, política para responder a la sociedad.

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