Un país sin política exterior es un cuerpo mutilado.

La Asamblea General de Naciones Unidas es un examen general sobre el comportamiento de las naciones en relación con los compromisos comunes. La paz, el cambio climático y la pandemia del nuevo coronavirus podrían ser tres de los10 temas prioritarios de la agenda actual del organismo multilateral. La Asamblea también es una pasarela donde transitan modelos comparativos: acuden dictadores, líderes, estadistas o simples pazguatos. La tecnología permite que cualquier ciudadano pueda escuchar los discursos de los representantes de cada país. Pero lo más importante, para los incrédulos o etnocentristas, la Asamblea General representa una prueba fehaciente sobre la existencia de la política multilateral.

La Asamblea General de Naciones Unidas es un examen de globalidad: los nacionalistas y soberanistas generalmente hacen el ridículo.

El mensaje del presidente López Obrador ante la Asamblea General de la ONU demuestra que la política exterior no es de su interés. Ya lo sabíamos. La irresponsabilidad que conlleva su decisión siempre la ha tratado de cubrir con un sofisma multiusos: “la mejor política exterior es la política doméstica”.

Al estar acéfala la producción de la política exterior en Palacio Nacional, la Secretaría de Relaciones Exteriores mantiene el statuo quo de hace algunos años (a través de la subsecretaría del ramo a cargo de Julián Ventura y de la subsecretaría para Asuntos Multilaterales y Derechos Humanos con Martha Delgado como su titular); el pragmatismo en la subsecretaría de América del Norte (comentan que al día de hoy Jesús Seade continúa como titular a pesar de que Función Pública anunció su desaparición a partir del 1 de septiembre), y finalmente, la más ideologizada y que intentó tener un motor exógeno llamado Grupo de Puebla (pero la ruta ha ido cambiando a lo largo de dos años, particularmente por la pandemia y las condiciones políticas en Venezuela y Nicaragua), se encuentra la subsecretaría para América Latina y el Caribe conducida por Maximiliano Reyes. En entrevista con Perla Pineda de El Economista, comentó que el rasgo de la presidencia de México en la Celac será la cooperación, a diferencia de la OEA que se encuentra colapsada por la polarización política y el fracaso de su secretario general, Luis Almagro.

Ayer 24 de septiembre, la SRE reveló que la presidencia de México en la Celac se prorroga hasta el 2021.

La deriva de la política exterior ha provocado que el canciller Ebrard haga las veces de un secretario de Salud Internacional. Pocos conocen el nombre del secretario de Salud, y los vacíos están para ser llenados. En septiembre de 2020 hablar de la vacuna contra el Covid-19 provoca emociones y expectativas positivas frente al azote del virus que ha dejado más de 70,000 muertos en México y un millón en el mundo. Es Ebrard el que da las buenas noticias, pero la vacuna aún no llega. Deberá de tener cuidado en no generar entusiasmo similar López-Gatell.

En las dos últimas semanas han surgido dos casos que merecen ser aclarados por Marcelo Ebrard. En la columna de Salvador García Soto del 19 de septiembre fue revelado el número de días que duró el nombramiento de Luz Elena Baños como embajadora emérita: cinco. La distinción no cumplió con las normas internas que estiman en 10 años de trayectoria como embajadora para recibir la distinción. Un consejero diplomático tuvo que haber impedido el nombramiento irregular.

El segundo caso que la SRE debe de aclarar, es la condición legal del puesto de director ejecutivo de diplomacia cultural, encabezado por Enrique Márquez Jaramillo. Es cierto que durante muchos años la SRE no ha cubierto el área del softpower, y es muy necesario.

En México, las noticias internacionales se leen en medios después de las secciones de deportes, espectáculos y aviso oportuno. Es decir, no se lee. Pero no hay que esperar la reacción de las gradas. Hay que hacer política exterior estratégica.

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.