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Opinión

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¿Hay modelo?

Sin inversión no hay empleo y sin empleo no puede haber un mercado interno fuerte.

Desde ultratumba surgen las voces de reclamo de múltiples expertos y analistas que aseguran que el problema de México es que su modelo económico no funciona y por lo tanto hay que cambiarlo.

Otros aseguran que seguimos el modelo de estabilidad sin crecimiento y otros tienen el coraje para decir que la culpa es del modelo liberal que nos empeñamos en mantener. Coinciden las opiniones en que sin un mercado interno robusto poco se puede hacer y que hay que conectar más empresas, sobre todo medianas y pequeñas, a las cadenas de exportación.

La idea detrás de muchas de estas percepciones y afirmaciones temerarias es que el gobierno ha fallado por no llevar de la mano las cosas, por lo menos la inversión y una política industrial más agresiva. Si se levantara una encuesta para preguntar a la población en general cuál es la falla desde su punto de vista, un muy elevado porcentaje diría que la falla es del gobierno.

El sector agropecuario exige, cada vez que puede, que se aumenten los apoyos al campo, ante lo cual uno tiende a pensar que el dinero debe actuar como semillas, o agua con fertilizante, de tal forma que conforme aumentan los apoyos la producción agropecuaria aumenta. La realidad marca otra muy distinta situación. Eliminando los efectos de la inflación, el gasto en el campo o el presupuesto para el sector han crecido mucho desde por lo menos la última década del siglo pasado y lo que va del presente siglo; han sido poco más de 20 años de expansión presupuestal, y la producción prácticamente sigue estancada; padecemos la falta de abasto de varios productos, seguimos importando mucho de otros y los productores, en su gran mayoría, están en la pobreza extrema. Demasiado acostumbrados a recibir recursos sin tener que demostrar cómo los aplican ni mucho menos probar que aumentó la producción. Así podemos seguir durante varias décadas y nada va a cambiar.

En la industria exportadora la situación es muy similar, con la gran diferencia de que quienes exportan no reciben subsidios gubernamentales, aunque no hay empresas medianas y pequeñas con capacidad de integrarse a las cadenas productivas y dándoles dinero no se va a lograr que de la noche a la mañana modernicen sus procesos, expandan su capacidad, mejoren su calidad y superen pruebas de desempeño o certificaciones de calidad para la exportación; por lo tanto, simplemente dando más dinero no se va a lograr nada, como hasta ahora.

Si volteamos a ver el otro lado del problema nos daríamos cuenta de que un problema grave es la falta de inversión privada, debido a que en nuestro modelo, que muchos dicen que es de libre mercado, muchos mercados no gozan de tal libertad, como el de energía, el de agua, infraestructura, telecomunicaciones, tierra, transporte público, entre otros, por lo que la inversión privada se mantiene alejada.

En tanto no tengamos el marco legal que garantice la propiedad privada y el retorno a la inversión, el gobierno deberá gastar recursos en forma creciente para aumentar en forma modesta la producción de algunos bienes y servicios. Sin inversión no hay empleo y sin empleo no puede haber un mercado interno fuerte.

En un sistema de mercado los incentivos deben ser los correctos para que los inversionistas elijan libremente en dónde y cuánto invertir; lo malo es que en nuestro país los incentivos son perversos, por la cantidad de trabas que hay a la libertad, en aras de proteger a las mayorías.

mrodarte@eleconomista.com.mx

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