Es lógico que un mandatario examine, si es que no lo hizo antes de ser electo, la calidad moral y profesional de los ministros que hereda, para que ratifique en su puesto a los que valen la pena, independientemente de su filiación política.

Igual procedimiento debe seguir un ministro respecto de los subalternos, éstos con respecto a los suyos y así sucesivamente hasta la escala más baja de empleados de confianza, porque los de base son inamovibles, aunque sean zánganos, es conquista de los trabajadores, es lucha por mejorar la productividad.

De tal sensata manera operan las cosas en algunos países, incluso en varios que vemos por encima del hombro. Aquí, para nada. Costumbre inveterada es presentar, con mano trémula, la renuncia al recién llegado.

En la enorme mayoría de los casos se acepta con gusto, pues el funcionario dispone de plazas para ofrecerlas a sus allegados. De manera que, también en la mayoría de los casos, se vuelve a empezar de cero, tiempo perdido, como si tuviéramos todo el tiempo del mundo, en un perenne movimiento circular: el perro que da vuelta y vuelta y nunca puede morderse la cola o como el asno de Buridán.

Lo peor es que en el sexenio se forman camarillas de cuates, sin importar experiencia ni capacidad. Se echa a la basura la pericia adquirida por el antecesor con tal de mantener cerrado el coto.

El actual presidente, don Felipe Calderón, pone el ejemplo a toda su burocracia, la alta, que es la susceptible de movilidad: escoge a sus cercanos para gobernar.

Ignora el universo de gente capaz que existe, a pesar de que sea, o precisamente porque lo sea, de otra facción, de otro corral. ¿Será inseguridad? Terrible asunto si la respuesta es afirmativa.

Y su modelo, obviamente, ha cundido. No son pocos los ejemplos que conozco, en diversas dependencias, de individuos que se mandan a la calle o se congelan por el hecho simple de no pertenecer al cotarro. No importa el color azul, amarillo o tricolor, son los mismos.

Su nepotismo lleva a la estupidez y a la absoluta ineficiencia.

Quevedo, en sus Premáticas: Porque hay grande falta de amigos verdaderos y los más son largos de palabras y breves de obras, declaramos que sean todos conocidos como dinero...

Tal es el fondo del nepotismo: la corrupción.

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