Buscar
Opinión

Lectura 4:00 min

¿Gobiernan los gobiernos?

Las semanas pasadas me reuní con un grupo de funcionarios estatales en Culiacán, Sinaloa, para discernir sobre la pregunta: ¿Gobiernan los gobiernos?

El cuestionamiento, que en principio parecería ocioso, no lo es al profundizar en las condiciones del entorno en que los gobiernos de la actualidad tienen que conducirse. Buena parte de estas ideas están basadas en el libro de Luis F. Aguilar Gobernanza y Gestión Pública (FCE, 2006), quien, me parece, contextualiza muy bien el tema de la gobernanza en México.

Gracias a la democracia y a los diversos intentos de vivir en un Estado de Derecho, podemos decir que el problema del acceso al poder está relativamente bien resuelto (no sin intentos de retroceso cuando se pretende vulnerar la ciudadanización del IFE).

El problema está en otro lado, en el proceso de gobierno, la dirección de la sociedad, la gobernación de la misma: lo que se llama gobernanza.

Las anteriores crisis económicas en México descubrieron al gobierno como factor de desgobierno, es decir, el manejo económico del gobierno y su actuar se volvieron más un problema de gobernabilidad que la solución.

Para hacer frente a las crisis que ocurrieron desde los años 60 a nuestros tiempos sucedieron dos cosas: primero se liberalizó la economía mediante un redimensionamiento del Estado, privatizando una serie de funciones que no necesariamente eran prioritarias y, segundo, se trató de democratizar el régimen otorgándole a la oposición más espacios y a la ciudadanía el control de las elecciones.

En la implementación de estas dos medidas, dos fenómenos sociales a nivel mundial empezaron a correr en paralelo: la globalización y el desarrollo de las tecnologías de la información, que poco a poco le dieron al ciudadano común las herramientas necesarias para comparar a su gobierno con otros.

Por un lado, la pérdida del control absoluto en lo económico y, por otro, una mayor exigencia de la ciudadanía se unió a una mayor influencia del sector privado en la vida económica. Si comparamos el PIB per capita versus ventas, 14 de las 50 economías más grandes a nivel mundial son empresas privadas; en América Latina son 33 de 50 incluyendo paraestatales (datos del 2007).

En México, el mayor empleador es Wal-Mart México, pero también otras industrias, por ejemplo, la automotriz, que sostienen economías a nivel municipal de una manera muy importante, como Puebla.

En este panorama se encontraba México para el año 2000 cuando se dio la transición. El Consenso de Washington, con su enfoque economista, no le dio la suficiente relevancia al enfoque institucional.

Pero tampoco el nuevo gobierno se la dio. Se trabajó con nuevas personas y otro enfoque en el gobierno, pero con las mismas instituciones. Esto derivó en un problema evidente de gobernabilidad, se le exigió al mismo aparato gubernamental que trabajara de manera distinta pero con la misma estructura legal y administrativa.

A todas luces esto derivó en ineficiencias del gobierno que el ciudadano común y corriente concretó en su imaginario como ineptitud del Ejecutivo.

Cuando se dio la transición, varios poderes, dentro y fuera del gobierno, cobraron una especial relevancia (positiva en la mayoría de los casos), que no tenían antes: las dos cámaras del Legislativo (Diputados y Senadores) y el Poder Judicial, en primera instancia.

Los gobernadores, presidentes municipales de ciudades económicamente poderosas, los dirigentes de los partidos políticos, sindicatos influyentes (sobresaliendo el de Pemex y el de educación), organismos autónomos como el IFE, Banco de México, IFAI, y Comisión de Derechos Humanos, y otros más.

Es en este contexto, donde actualmente nos encontramos con una pérdida real del poder de decisión de los gobernantes en dos frentes, el económico y el institucional, otros poderes tratan de llenarla y es cuando entran en escena lo que algunos analistas llaman, poderes fácticos, es decir, grupos de interés. Y es cuando la pregunta inicial retorna con fuerza: ¿Gobiernan los gobiernos? n

*Marco Iván Escotto Arroyo es director adjunto del Centro para la Gobernabilidad Institucional del Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa, IPADE y su correo electrónico es mescotto@ipade.mx

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí
tracking reference image

Últimas noticias

Noticias Recomendadas

Suscríbete