En los últimos 10 años, cambió diametralmente la percepción pública sobre el impacto ambiental de la ganadería. Antes, la contaminación se veía como un problema de la industria y las ciudades. La ganadería sólo tenía algunos problemas con el estiércol y poco más. Esta visión idílica fue destruida en poco tiempo

En el 2006, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación (FAO) publicó La larga sombra de la ganadería , que afirma que la ganadería genera 18% de los gases de efecto invernadero (GEI). Además, menciona el enorme impacto que ha tenido la ganadería en la degradación de suelos, agua y aire, así como en la biodiversidad.

Después, en el 2009, la organización Worldwatch publicó un estudio de dos expertos del Banco Mundial, que afirma que las cifras de La larga sombra... se quedan cortas; la ganadería es responsable de más de la mitad de los GEI. El corolario de su texto es que la solución más rápida y efectiva para solucionar el calentamiento global es reducir la ganadería al mínimo posible. Que la humanidad se vuelva vegetariana. Punto.

Luego vino el informe de la Unesco y un instituto universitario de Holanda, del 2010, sobre la huella hídrica. El agua utilizada en la producción de 1 kilogramo de carne de res es, por ejemplo, 10 veces mayor que la necesaria para obtener 1 kilogramo de trigo o maíz.

Estas ideas trascendieron su audiencia habitual. Fueron usadas en campañas públicas y activismo contra la ganadería, en medios masivos de comunicación y las redes sociales. Han conseguido una crisis de imagen de la ganadería, que no ha mermado la demanda de productos animales, pero obliga a quienes nos pronunciemos en su defensa a revisar la relación de la ganadería con los recursos naturales y la sostenibilidad.

En primer lugar, hay que matizar los datos de esos documentos y los que se apoyan en ellos para denostar a la ganadería. En segundo lugar, en cuanto al gasto de agua, debe mencionarse que la mayor parte es la llamada agua verde, que es la que se evapora del terreno. La cuarta parte de la tierra en el mundo se considera de uso ganadero, por lo que toda su evaporación se le carga a la producción ganadera. No se le acredita, en cambio, que también capta agua, sostiene vida silvestre y soporta valores estéticos y recreativos. Aun sin ganado, ocurriría la misma evaporación en esos terrenos.

Es cierto que la ganadería extensiva aumentó los GEI al invadir bosques y selvas. Ahora, sin embargo, será más provechoso hacer cambios para solucionar y revertir el calentamiento que recordar la historia que nos trajo aquí. En la segunda parte de este artículo se propondrán cambios y acciones para solucionar el calentamiento global.

* Luis Fernando Iruegas Evaristo es especialista de la Subdirección Técnica y de Redes de Valor en FIRA. La opinión es responsabilidad del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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