La semana pasada se llevó a cabo en Guadalajara el XIX Congreso del Comercio Exterior Mexicano. Entre los oradores estuvieron el presidente Felipe Calderón, los candidatos a sucederlo, el Gobernador de Jalisco, funcionarios públicos (de las secretarías de Economía, Hacienda, Agricultura, Comunicaciones y Transportes, Relaciones Exteriores, así como del INEGI y Proméxico), dirigentes de organismos empresariales y directivos de empresas e instituciones privadas.

A juzgar por la agenda, este congreso no fue una reunión para analizar las experiencias de los participantes en el comercio exterior. Fueron días de cabildeo.

En abril del 2012, el BID dio a conocer un libro que se ocupa de los exportadores: Export pioneers in Latin America. Ahí se difunden hallazgos de un proyecto de investigación acerca de nuevas actividades de exportación en varios países: Argentina (arándano y formatos de TV), Brasil (muebles, soya, carne de cerdo y aviones), Chile (vino), Colombia (flores), México (aguacate) y Uruguay (software y vacunas para animales). ¿Qué tienen en común los productos exportados?

En todos los casos tuvieron que resolverse problemas de coordinación. En el capítulo seis, elaborado por Edgar Aragón, se habla del aguacate. El primer exportador mexicano fue Leopoldo Vega, propietario del Grupo Purépecha; en octubre de 1970 hizo el primer envío a Rotterdam. Sus primeros contactos se hicieron mediante el Instituto Mexicano de Comercio Exterior y el Bancomext; recibió ayuda técnica y financiamiento de FIRA y la logística fue organizada por una persona de Banamex. En 1985, una empresa de Israel (Agrexco) apoyó sus esfuerzos para vender en Europa. Ahora, México es el productor y exportador más grande del mundo.

Para exportar, deben superarse muchos retos, una vez que los productores han decidido participar en los mercados externos. En 1969, el Subdirector del Bancomext argumentó en una ponencia en favor de las ventajas de exportar. Según una encuesta llevada a cabo por esta institución, las empresas encontraban obstáculos para ello: materias primas inadecuadas (63.3%), problemas de fletes y maniobras (59.2%), aranceles (58.3%), problemas de financiamiento (28.3%), de empaque y envase (25.8%) y de mano de obra (20%), falta de información, etcétera.

El proyecto que dio origen al libro citado abarca más de 30 experiencias. Los resultados se han difundido como documentos de trabajo, por ejemplo: a) el de Edgar Aragón, Anne Fouquet y Marcia Campos, de la Escuela de Graduados en Administración Pública y Política Pública del Tecnológico de Monterrey: The emergence of successful export activities in Mexico: three case studies (2009), en el que se documenta la experiencia del aguacate, la industria de los catéteres y los call centers; b) el de Manuel R. Agosin y Claudio Bravo-Ortega (Universidad de Chile): The emergence of new successful export activities in Latin America: the case of Chile (2009), acerca del vino, la porcicultura y el arándano, o c) el de Angela da Rocha, Alexandre Darzé, Beatriz Kury y Joana Monteiro (Universidade Federal do Rio de Janeiro y DAI): The emergence of new and successful export activities in Brazil: four case studies from the manufacturing and the agricultural sector (2008), en relación con las industrias del mueble y de trajes de baño, y dos productos agrícolas (soya y frutas).

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