Los líderes de las principales potencias reunidos en Francia están interesados en controlar el uso de monedas virtuales como Libra, pero ¿qué tanto puede afectar a los usuarios?

La Cumbre del G7 en Biarritz (Francia) llega con el compromiso de los ministros de finanzas del Grupo de los Siete de establecer un control estricto sobre el proyecto de Facebook de crear una nueva moneda llamada Libra, evitando o disminuyendo el riesgo de la desestabilización de la economía mundial. Uno de los objetivos es garantizar que las monedas virtuales estén sujetas a leyes de lavado de dinero y regulaciones de protección del consumidor.

El país anfitrión de le cumbre puede que sea clave en el futuro del bitcoin, de la Libra y de las criptodivisas en general. En Francia, las firmas relacionadas con las criptodivisas cumplirán de forma voluntaria con una serie de estándares respecto a los requerimientos de capital, protección de consumidores y pago de impuestos en territorio galo. A cambio, estas firmas recibirán un sello de aprobación de la Autorité des Marchés Financiers, el equivalente a la CNMV en Francia.

No todos los países mantienen la apertura de Francia hacia las monedas digitales. Estados Unidos muestra cada vez mayores reticencias hacia las criptomonedas, como lo dejó patente el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, al asegurar que el proyecto de la Libra no verá la luz hasta que no quede debidamente aclarado.

Una criptomoneda o criptodivisa (del inglés cryptocurrency) es un medio digital de intercambio. La primera criptomoneda que empezó a operar fue bitcoin en el 2009, y desde entonces han aparecido muchas otras, con diferentes características y protocolos, como Litecoin, Ethereum, Ripple o Dogecoin.

En los sistemas de criptomonedas se garantiza la seguridad, integridad y equilibrio de sus estados de cuentas (contabilidad) por medio de un entramado de agentes (transferencia de archivo segmentada o transferencia de archivo multifuente) que se verifican mutuamente, llamados “mineros”. Estos son, en su mayoría, público en general, y protegen activamente la red (el entramado) al mantener una alta tasa de procesamiento de algoritmos, con la finalidad de tener la oportunidad de recibir una pequeña propina, que se reparte de manera aleatoria.

Las criptomonedas hacen posible el Internet del Valor (IoV, del inglés Internet of Value), también llamado Internet del Dinero, que son aplicaciones de Internet que permiten el intercambio de valor en la forma de criptomonedas. Este valor pueden ser contratos, propiedad intelectual, acciones o en general cualquier propiedad de algo que tenga valor. Las cosas de valor ya se podían intercambiar antes usando sistemas de pago como Paypal. La diferencia entre pagar con algo como Paypal y pagar con una criptomoneda consiste en que pagar con Paypal requiere que el pago se haga a través de redes privadas como las de las tarjetas de crédito y bancos, mientras que el pago usando criptomonedas no tiene intermediarios.

Es necesario que los usuarios conozcan los riesgos que existen al celebrar operaciones con dichos activos. Como mínimo, estos deberán ser informados de manera sencilla y clara en su página de Internet o medio que utilice para prestar su servicio, acerca de lo siguiente:

Las criptomonedas no son moneda de curso legal y no están respaldadas por los bancos centrales.

La imposibilidad de revertir las operaciones realizadas en criptomonedas una vez ejecutadas.

La volatilidad del valor de las criptomonedas.

Los riesgos tecnológicos, cibernéticos y de fraude inherentes al uso de criptomonedas.

Sin duda, establecer esquemas para reducir los riesgos de utilizar criptomonedas será uno de los temas de discusión entre los expertos del G7 reunidos en Biarritz esta semana.

*El autor es profesor de EGADE Business School.