Por un tiempo, en los 90, España fue ejemplo para la transición democrática en México. No faltaban razones, fue un país que llegó a la democracia tarde, pero lo hizo a través de un proceso en donde confluyeron una serie de coyunturas políticas importantes, pero, también, la construcción de un estado de bienestar que logró que la democracia se asentara. Su integración a la comunidad europea generó crecimiento y prosperidad en un país que en los 70 tenía un ingreso per cápita menor al nuestro. En México, el caso español gustaba mucho porque rompía con la idea esa de que la moral protestante era la que generaba riqueza. Los santones de la política española, González y Aznar, venían a pontificar con frecuencia. La crisis del 2008 terminó con la buena prensa del caso español, ya que su magnitud fue terrible. Se decía que en realidad España nunca se transformó en un país productivo y que su gasto público era alto. La verdad es que el manejo de la Unión Europea fue pésimo, no supo apoyar a un país que tenía una crisis financiera ocasionada por las hipotecas, no por el desempeño fiscal, y se generó una recesión con un desempleo que alcanzó 25 por ciento. Eso se combinó con una crisis política, con el surgimiento de nuevos partidos, que impidió gobiernos estables y el crecimiento del nacionalismo separatista. Pedro Sánchez, el actual presidente del gobierno y líder del PSOE, escribió en su libro Manual de resistencia, en el que cuenta su versión de los hechos, pero, sobre todo, desarrolla la idea de que la solución a la crisis política y social española está en hacer posible un gobierno con una plataforma socialista, claramente progresista, distinta a las de centro que apoyó su partido en décadas pasadas, como parte de una coalición con el izquierdista Unidas Podemos, para consolidar políticas que reduzcan la desigualdad social. Superar la idea de que España logró mucho en infraestructura y estabilidad económica, pero se quedó corta en construir una sociedad más justa.

En el presupuesto, propuesto por la coalición de gobierno formada por el PSOE y Unidas Podemos, después de las pasadas elecciones, se proponen varias medidas que buscarían construir un estado de bienestar más equitativo, como impuestos a transacciones financieras, a aplicaciones de internet y lo que le han llamado ingreso mínimo vital. Esto último, en realidad es un subsidio que pueden pedir personas y familias de bajos ingresos, que cubrirían a alrededor de poco menos de 1 millón de hogares, con apoyos que dependen de las condiciones socioeconómicas de cada familia. Es decir, es un programa que combate la pobreza, de grandes dimensiones, que otorga transferencias directas, en lugar de reducciones fiscales, a personas de bajos ingresos que lo solicitan. Se trata de algo inusual en países más desarrollados. Martin Sandbu, en el reciente The Economics of Belonging, discute cómo las transferencias en efectivo, si son de largo plazo, no disminuyen los incentivos a trabajar (que sí se presentan con los incentivos fiscales, porque un trabajador que gana más, los pierde), sino que, por el contrario, facilita el buscar un buen trabajo y e incluso incrementa la capacidad de negociar un mejor sueldo. No obstante, Guy Standing  reconoce que la medida va en el sentido correcto, pero es crítico de la misma, por los posibles errores de exclusión y el estigma que puede causar el ser clasificado como pobre. La verdad es que la iniciativa de generar transferencias masivas de recursos a población de menores ingresos no es muy diferente a la que realiza el actual gobierno de México. Faltaría un esquema en el que, familias de bajos ingresos, que por alguna razón no reciben las transferencias actuales, las puedan solicitar como un derecho. Será importante estar atentos a lo que sucede con la agenda de igualdad social de la coalición Unidas Podemos-Psoe, si es capaz de construir una alternativa para las clases populares, que sirva de antídoto contra el crecimiento de la ultraderecha europea, reflejará de inmediato que es capaz de atender las demandas sociales, después de varios años en los que las brechas han ido en aumento. Nuevamente, ojalá España pueda ser un buen ejemplo para la concepción de un nuevo estado de bienestar.

Twitter: @vidallerenas

Vidal Llerenas Morales

Político

Columna invitada

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York.