El presidente López está empeñado en una extraña regresión energética, hacia los monopolios y hacia los combustibles fósiles. No sabemos si en su mente se ponderan costos y beneficios de semejante despropósito en pleno siglo XXI. Lo más probable es que no, y que además queden fuera de su conocimiento y atención las gravísimas implicaciones económicas, ambientales, climáticas y diplomáticas de sus impulsos y arrebatos. La nostalgia, la ignorancia, la megalomanía y el fanatismo ideológico suelen ser muy malos consejeros en quienes ocupan altas posiciones de poder, y terriblemente onerosas para el interés público, más, cuando anidan en una visión del mundo totalmente refractaria a la razón, y a los problemas, hechos y tendencias reales. Todo es peor si se intenta justificar el retroceso con mentiras batientes, como lo hace el presidente a través del director inefable de la Comisión Federal de Electricidad (CFE). Vale la pena desmenuzar algunas para percibir la dimensión del delirio energético del gobierno, y su conflicto abierto con la verdad y con los indudables logros que representaron las nuevas instituciones, instrumentos y andamiaje regulatorio creados en el gobierno anterior. Estos apuntaban con éxito al fin del monopolio, y a un sector eléctrico competitivo, eficiente y sustentable.  

Es falso que se subsidie a empresas privadas con tarifas artificialmente bajas de transmisión o porteo. Diversas empresas invirtieron en infraestructura de transmisión de energía a través de temporadas abiertas, lo que les da derecho a precios relativamente bajos para acceder a ella. Es mentira igualmente que CFE Suministro Básico esté obligada a comprar electricidad a los privados. Lo hace porque la ley la obliga a comprar la energía más barata, que es la generada por empresas privadas. La CFE no ganó un solo contrato de venta de energía en ninguna de las tres subastas de energía limpia que se llevaron a cabo hasta 2017. En ese contexto, el costo más bajo de comprar energía a los privados no es ninguna “pérdida”, como lo afirma CFE (además de que es pagado por los usuarios finales). Más aún, los más beneficiados con el despacho económico (despacho de las plantas más baratas) son la propia CFE Suministro Básico al disfrutar de una diferencia mayor entre la tarifa fija cobrada a usuarios finales domésticos, industriales y comerciales, y un menor costo de generación. Las centrales privadas más eficientes, evidentemente ganan más, entre mayor sea el precio marginal local de la energía (en cada nodo), cuando está determinado por las centrales caras, obsoletas y contaminantes de CFE que funcionan con combustibles fósiles. Por otra parte, es obvio que las centrales de energía renovable son intermitentes (solar y eólica), y que por esa razón requieren respaldo por parte de centrales térmicas de CFE.

Los privados pagan por ello a través de los llamados Contratos Legados. Es preocupante que los criterios que utiliza el Centro Nacional de Control de Energía (Cenace) para asegurar confiabilidad en el sistema (qué plantas deben estar encendidas para ofrecer el respaldo necesario) no son transparentes. En vez de ser competitivos, se pliegan a las necesidades del gobierno para quemar el combustóleo caro, sucio y contaminante que producen las refinerías de Pemex en un número mayor de centrales térmicas que lo que es estrictamente necesario. Se trata de un verdadero y escandaloso contubernio entre Pemex, CFE y el Cenace. 

La CFE también miente al decir que las energías limpias son “más caras”. Hay una evidencia abrumadora en el mundo y en México de que el costo nivelado de la energía solar y eólica es el menor – por mucho – comparado con energías fósiles. De hecho, en nuestro país, gracias a las empresas privadas y a las nuevas tecnologías, el costo de la energía en el Mercado Eléctrico Mayorista es 50% menor que hace tres años. Por otro lado, la ampliación de la red de transmisión hacia Baja California, el Istmo de Tehuantepec y Península de Yucatán, no prendía destruir a la CFE, como se afirma, sino darle estabilidad a un sistema con una alta penetración de energías renovables, desarrollar el mercado eléctrico, y promover la inversión privada para lograr una oferta de energía más barata y limpia. A su vez, los Certificados de Energía Limpia y su mercado no son un “subsidio”; tenían por objetivo promover la inversión privada en nuevos (sólo nuevos) proyectos de energía renovable, siendo un incentivo cruzado que permitía una recuperación más rápida de la inversión. Otorgarlos a centrales viejas de CFE – como quiere el gobierno – es una aberración. 

Con mentiras para justificar decisiones disparatadas, la CFE se está dando un tiro en el pie, está bloqueando la inversión privada y pública, poniéndole una zancadilla al desarrollo de nuestro país, condenando a usuarios a pagar tarifas más elevadas, violando la ley y la Constitución, quebrantando vergonzosamente el Acuerdo de París en materia de Cambio Climático, enfermando y matando a los mexicanos con combustóleo, y convirtiendo a México en hazmerreír y paria en la comunidad internacional.

Gabriel Quadri de la Torre

Ingeniero Civil y Economista

Verde en Serio

Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.

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