Hace una semana, el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao, declaró en Madrid lo siguiente: En economía no hay milagros. Aún no hemos salido del atolladero .

Lo dijo ante la presencia del Presidente del gobierno español, con el propósito de que en España se adopten las medidas necesarias para superar el nivel alarmante de desempleo. Reconoció que es toda proporción guardada el problema de Europa.

Durao Barroso planteo además una tragedia española que alarma a los europeos: la emigración de miles de jóvenes españoles ante la carencia de empleos. Y recomendó al Presidente del gobierno español a realizar programas para ofrecer trabajo a los que terminaron su educación.

Las declaraciones de Durao Barroso hacen pensar sobre su significado. Si los gobiernos se comportan inercialmente, lo más probable es que los problemas se agudicen y surjan otros más. Si, al contrario, se toman decisiones orientadas a resolverlos, se obtendrán resultados positivos, aunque sean modestos.

Hace 20 años se tomó la decisión en México, en EU y en Canadá, de hacer un TLC entre los tres países. En los procesos de negociación y también de alternativas, surgieron muchas propuestas pertinentes, pero fueron desechadas en gran medida porque se consideró que no había las suficientes condiciones y apoyos políticos.

Quedó un TLC comercial, mismo que para EU y Canadá no ha sido muy relevante, aunque sí lo ha sido para México. Las exportaciones mexicanas se han elevado de 60,000 millones de dólares en 1994, cuando se firmó el TLC, a 400,000 millones de dólares en el 2013. Este avance, sin embargo, se ve opacado por el hecho de que el contenido importado de las exportaciones continúa siendo muy elevado. No se crearon en el interior del país las transformaciones productivas ni en el empleo que permitieran consolidarlo.

Éste es un ejemplo de que una decisión inicial positiva no tuvo un reforzamiento posterior como era deseable. Nos volvimos complacientes con los resultados comerciales.

El supuesto de política económica implícito en la decisión de no hacer una política industrial que potenciara los beneficios del TLC es que llegarían flujos importantes de Inversión Extranjera Directa. No sucedió.

Esto plantea ahora la necesidad de retomar aspectos que fueron omitidos y que el presidente Peña Nieto ha decidido realizar, por su carácter estratégico para la economía. Una es la reforma que reconoce la seguridad energética como fundamental para garantizar el suministro de combustibles, sobre todo petróleo y gas, lo que significa enfrentar el reto tecnológico y el de inversión.

Ante la complejidad de la explotación y distribución de hidrocarburos comunes, no hay más alternativa que compartir con empresas de otros países. Otra es la inversión urgente en infraestructura, entre otras razones, por el desgaste que tienen las redes existentes y la necesidad de nuevas vías de comunicación.

Deseable es que dentro de renegociaciones dentro del TLC, o sea más tratado, se formulen políticas conjuntas en áreas delicadas como son seguridad, inmigración y derechos humanos. Son asuntos de una relevancia indiscutible.

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