Para Maquiavelo, lo importante era fortalecer el Estado, lo que significa mantener el territorio, cuidar a la población, tener un gobierno eficaz y una cultura cosmopolita.

Para los hombres de Estado, los que hacen política en un contexto de visión de largo plazo sin descuidar la coyuntura, ésas son las bases para las grandes decisiones. Razón de Estado y la ontología de la voluntad de poder.

Aparecen las diferencias de intereses. Y con ello los componentes del mercado y el Estado. ¿Cuáles son sus proporciones? Lo mismo para los equilibrios entre capital y trabajo. ¿Cuánta masa salarial y cuantas utilidades?

En la discusión sobre política y economía, es paradigmática la figura de Jacques Delors, actualmente de 93 años, merecedor del título de ciudadano de Europa concedido por el Consejo Europeo. Delors fue un brillante presidente de la Comisión Europea, no se rindió al cortoplacismo de algunos importantes primeros ministros, fue el autor del programa procrecimiento y empleo, que ahora sirve de referencia, concilió políticas restrictivas en el presupuesto con la expansión focalizada en el aumento de la producción y el empleo, fue marcadamente europeísta y propulsor de la gobernanza mundial.

Conceptualmente nos dejó una lección de política económica cuando propuso: “la competencia que estimula, la cooperación que refuerza y la solidaridad que une”.

Delors definió el proyecto socialdemócrata que es en pragmatismo y en justicia social lo más avanzado del mundo. Señaló: “reformismo frente a revolución, equilibrio entre el Estado y el mercado, compromiso entre el capital y el trabajo”. Éstas son asignaturas pendientes en todo el mundo a excepción de los países escandinavos. Son referencias valiosas para los que están en el ejercicio de hacer política, a diferencia de los politiqueros, que viven en la irrealidad.

En el pasado debate de los candidatos a la Presidencia de la República, fue la corrupción el tema que absorbió la mayor atención y seguramente continuará. El abordaje fue parcial en su contenido. Es un hecho que la riqueza actual no conecta tanto con la propiedad como con la burocracia, con la organización gestora de empresarios y banqueros, líderes sindicales y altos funcionarios que tienen la información privilegiada para crear su poder. Y ello agudiza la desigualdad porque en el otro extremo de la balanza de los ingresos están los trabajadores que no tienen percepciones dignas. La precariedad se ha instalado como horizonte de futuro.

Sólo desde la política puede evitarse el saqueo organizado de las diversas élites del poder. No hay políticas anticorrupción de izquierdas o derechas. Hay buenas que son efectivas y malas que son ineficaces.

También desde la política se tiene que resolver el problema de que todos los mexicanos necesitamos trabajar para vivir, pero que las empresas y la economía en general no necesitan del trabajo de todos para crecer. Esta realidad es producto de una política económica excluyente: 53 millones de pobres, por un lado, y 60% de los que trabajan lo hacen en la informalidad, por el otro.

La economía mexicana necesita crecer mucho más para crear empleos, ingresos y modernizar el país. Ésa es la prioridad para superar el estancamiento que es fuente de inestabilidad e injusticia. Pero además el país tiene un enorme potencial. Para avanzar se requiere de más inversión, que es el eje transformador, una macroeconomía estable, una microeconomía competitiva con alto contenido tecnológico, la inversión en capital humano y una vasta red de relaciones internacionales.

Sergio Mota Marín

Economista

Economía y Sociedad

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.