Desesperanza, el sentimiento que se vive en Colombia

Las noticias de cada día dictaminan nuestras mañanas. Desde hace meses en Colombia nos cuentan cómo, paulatinamente, se está revirtiendo la narrativa de la paz en varios territorios nacionales, en lo que llamamos periferia, allá donde no llega la visión del citadino.

Una de estas noticias llegó el pasado 29 de agosto: “El número dos de las FARC, Iván Márquez, Jesús Santrich, el Paisa y Romaña vuelven a la guerra”, “Las FARC anuncian su rearme”, “Líderes de las FARC vuelven a la insurgencia”. La noticia en todos los medios estaba acompañada de un video de 32 minutos, grabado en un lugar desconocido, que montaron en diferentes canales como evidencia de que al menos un sector de este grupo insurgente renunciaba definitivamente al acuerdo de paz que se firmó en el 2016 .

La noticia recorrió el país y es justo asumir que debió ser un golpe más duro para las zonas rurales, departamentos como Antioquia, Santander y Norte de Santander, que según el Observatorio de Memoria han registrado históricamente los números más altos de masacres en el país durante el conflicto armado que lleva más de medio siglo.

En los años posteriores a la firma del acuerdo de paz, sin embargo, la situación para muchos colombianos no ha mejorado. Este año, el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz indicó que “se ha agravado la violencia en contra de personas líderes sociales, defensoras de derechos humanos y excombatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en proceso de reincorporación”. Ésta aqueja sobre todo a departamentos colombianos como el Cauca, el Valle del Cauca y Nariño, donde se registra la mayor cantidad de este tipo de asesinatos en el último año.

Hace poco más de un mes, el asesinato frente a su hijo de María del Pilar Hurtado, una líder social del Cauca que huyó a Córdoba, removió al país una vez más. La gente salió a ocupar las calles de varias ciudades importantes para exigir el cese de los asesinatos de los líderes.

En los siguientes cuatro días de esas manifestaciones, asesinaron a tres líderes sociales en el Cauca y uno en el Valle del Cauca. Las marchas en la calle, la respuesta de los habitantes de la ciudad por las atrocidades cometidas en las regiones, volvían a mostrarse inefectivas.

Sin embargo, para algunos sectores el rearme de un sector de las FARC representa un triunfo, al menos ideológico. El primer gran triunfo que se reclamó luego de la noticia fue el del expresidente colombiano Álvaro Uribe y sus seguidores. En redes, y con su ánimo guerrerista siempre intacto, aleccionaron con cómo su partido Centro Democrático había previsto esto desde años atrás, y que la única salida era, como habían declarado varias veces, la guerra y el final del acuerdo.

El segundo gran reclamo triunfal que se sintió en redes fue el de la otra orilla ideológica del país, que culpaba a los votantes del actual presidente Iván Duque —ligado al expresidente Uribe—, e incluso a los que votaron en blanco, por haber truncado el proceso de paz y sellar el destino del país a través de su elección.

Por ahora, el clima es de desesperanza, tristeza y rechazo generalizado. Éstas son las sensaciones que tenemos.